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Terremoto de Lisboa de 1755: la catástrofe que alcanzó Huelva y Cádiz

Especial de Folios de Historias · 1 de noviembre de 2026 · Historia, ciencia y memoria del riesgo.

El 1 de noviembre de 1755, el peligro no terminó cuando dejó de temblar la tierra. Lisboa sufrió derrumbes, inundación e incendios; en el suroeste de España, el mar provocó una mortalidad muy superior a la del movimiento sísmico. La historia que solemos resumir con el nombre de una capital fue también la de Ayamonte, Lepe, La Redondela, Huelva, Cádiz y muchas otras comunidades de ambas orillas del Atlántico.

En su 271.º aniversario, este especial reconstruye qué ocurrió, cómo puede explicarse el fenómeno y qué límites tiene nuestro conocimiento. No ofrece una película imaginaria minuto a minuto. Relaciona documentos históricos, investigación geológica, arqueología, modelos y patrimonio para distinguir los hechos bien establecidos de los números que todavía requieren discusión.

El recorrido combina una lectura histórica extensa con once infografías originales y ampliables. Los mapas son de localización, los esquemas físicos no están a escala y las cifras se atribuyen a fuentes identificadas. La portada y la miniatura son ilustraciones conceptuales generadas con IA: no representan un documento de 1755 ni una reconstrucción exacta de edificios y escenas.

PreguntaLo que conviene saber
¿Dónde se originó?En el Atlántico al suroeste de Iberia; la fuente exacta permanece debatida.
¿Qué sucedió?Terremoto, tsunami e incendios; su importancia varió según la localidad.
¿Afectó a España?Sí: impactos documentados en Huelva, Cádiz y otras áreas.
¿Qué magnitud?El IGN utiliza 8,5 Mw como estimación retrospectiva.
¿Existe una cifra mundial definitiva de muertos?No se presenta aquí: las fuentes y los ámbitos de recuento discrepan.

Pulsa en las infografías para ampliarlas. Cada una identifica su finalidad y sus límites para evitar que un esquema didáctico se confunda con un mapa de peligro real.

1. El nombre de Lisboa oculta una catástrofe mucho mayor

El terremoto de Lisboa de 1755 no fue únicamente una tragedia portuguesa. El 1 de noviembre, una gran sacudida de origen oceánico afectó a la península ibérica y al norte de África. Después, una serie de ondas inundó costas, puertos y desembocaduras. En Lisboa, los incendios añadieron una destrucción que continuó cuando el suelo había dejado de moverse. Separar estos procesos permite comprender por qué lugares diferentes sufrieron daños tan distintos.

Para Huelva y Cádiz, el término «terremoto de Lisboa» puede resultar engañoso si sugiere un desastre lejano, contemplado desde la otra orilla de una frontera. Las comunidades de pescadores, los trabajadores de las playas y los habitantes de los espacios bajos quedaron expuestos a una amenaza que viajó por el mar. La costa no fue un escenario secundario: constituyó una parte central del desastre humano.

Hay un dato que cambia la perspectiva. La síntesis del Instituto Geográfico Nacional, basada en Martínez Solares, recoge para España 61 fallecidos atribuidos al temblor y 1.214 al tsunami. No son un censo definitivo ni cifras trasladables a una sola ciudad. Dentro de ese balance, aproximadamente el 95 % de las muertes corresponde al agua. Recordar 1755 exige mirar tanto las iglesias derrumbadas de Lisboa como las playas y los estuarios del suroeste español.

Fuentes y localizadores: [1], [3].

2. La Lisboa que existía antes de la destrucción

Lisboa era una capital portuaria cuya vida política, religiosa y comercial estaba vinculada al Tajo y a las conexiones del imperio portugués. El frente del río reunía instalaciones de poder, actividades de intercambio y espacios de trabajo. La proximidad al agua ofrecía ventajas económicas y, ante el derrumbe de los edificios, podía parecer una oportunidad para alcanzar una zona abierta. Esa relación cotidiana con el puerto condicionó las decisiones durante la emergencia.

Es importante evitar una confusión visual muy frecuente: la Lisboa actual no reproduce exactamente la ciudad anterior al terremoto. La organización de la Baixa, sus manzanas regulares y buena parte de la imagen monumental que identificamos con la capital pertenecen a la reconstrucción y a transformaciones posteriores. Una ilustración con edificios modernos puede ser atractiva, pero no sirve como testimonio de cómo era la ciudad aquella mañana.

La desaparición de la Ópera do Tejo muestra la fragilidad de aquel mundo de representación cortesana. El teatro, construido y estrenado en 1755, quedó destruido en la catástrofe del mismo año. La documentación posterior conservada por la Secretaria-Geral da Economia incluye un proyecto destinado a compensar aquella pérdida. El caso permite poner un edificio concreto junto a las expresiones generales de ruina: una inversión cultural recién inaugurada podía desaparecer antes de consolidar una trayectoria. No toda pérdida correspondía a un monumento envejecido; también se quebraron proyectos que acababan de comenzar.

El Grande Panorama de Lisboa, conservado por el Museu Nacional do Azulejo, ayuda a imaginar ese paisaje previo a la catástrofe sin recurrir a una ciudad inventada. También obliga a pensar el desastre como pérdida de una trama urbana concreta: casas, lugares de culto, almacenes, talleres, documentos y relaciones de vecindad. Lo que desapareció no fue solo una colección de monumentos. Se alteraron rutas de abastecimiento, viviendas y formas de trabajar cuya recuperación no podía resolverse simplemente levantando nuevas fachadas.

Fuentes y localizadores: [40], [31], [43].

3. La mañana de Todos los Santos: qué podemos reconstruir

El 1 de noviembre de 1755 fue sábado y se celebraba Todos los Santos. La coincidencia con los oficios religiosos explica la presencia de muchas personas en iglesias y otros edificios de culto. Los relatos describen una sacudida prolongada, con varias fases y pausas. No debemos convertir esas descripciones en una grabación precisa: la percepción del tiempo durante una situación extrema, las diferencias entre relojes y las sucesivas transmisiones del relato introducen incertidumbres.

Las horas que aparecen en documentos portugueses, españoles y extranjeros no deben colocarse automáticamente sobre un reloj moderno común. Los testimonios sitúan el fenómeno durante la mañana; algunas reconstrucciones hablan de alrededor de las nueve y media en Lisboa, mientras informes españoles ofrecen otras horas locales. Es preferible conservar ese contexto a construir una cronología al segundo que las fuentes no permiten sostener.

La secuencia general sí es sólida: primero se percibió el movimiento sísmico; después, con intervalos que variaron según la localidad, llegaron las alteraciones del mar y las inundaciones. En Lisboa, los fuegos se desarrollaron dentro de la ciudad dañada y continuaron durante días. El desastre tuvo, por tanto, varias escalas de tiempo. Una persona que había sobrevivido a los derrumbes no estaba necesariamente fuera de peligro, y una localidad donde el temblor había causado daños limitados podía sufrir más tarde un impacto costero grave.

Fuentes y localizadores: [42], [6].

4. El origen estaba en el Atlántico: la falla sigue siendo una pregunta científica

El nombre del terremoto identifica la ciudad que se convirtió en su emblema, no un epicentro situado bajo sus calles. El origen se relaciona con la región oceánica al suroeste de Iberia, dentro del complejo ámbito de interacción entre las placas euroasiática y africana o nubia. Allí, la deformación no puede reducirse para todos los fines a una raya perfecta en un mapa. Existen estructuras diferentes y una historia tectónica que los investigadores siguen estudiando.

La localización y el mecanismo exactos de la ruptura de 1755 permanecen discutidos. Se han propuesto fuentes vinculadas al banco de Gorringe, a la falla Marquês de Pombal y a estructuras de la llanura de la Herradura, entre otras soluciones. Un artículo de 2021 planteó que el cabalgamiento de la llanura abisal de Horseshoe podría explicar el terremoto y el tsunami. La palabra «podría» forma parte de la conclusión científica y no debe desaparecer al divulgarla.

Otros trabajos comparan cómo distintas fallas candidatas reproducen las observaciones geológicas y la inundación. El estudio de Dourado y colaboradores encontró mejores correspondencias para una de las fuentes ensayadas, pero advirtió que el ejercicio no resolvía de manera inequívoca el problema. La lección es importante: un modelo compatible con los datos refuerza una hipótesis; no equivale a haber visto la ruptura. Por ese motivo, nuestro mapa localiza los territorios afectados sin dibujar un punto rojo como si el origen estuviera determinado con precisión instrumental.

Fuentes y localizadores: [7], [8].

5. Magnitud e intensidad: por qué «un 9 en Richter» simplifica demasiado

No existía en 1755 una red de sismómetros capaz de registrar el terremoto como se hace hoy. Su magnitud se reconstruye mediante efectos observados, distribución de intensidades, modelos de fuente y comportamiento del tsunami. El IGN utiliza una magnitud estimada de 8,5 Mw en su ficha divulgativa. Otras síntesis y estudios ofrecen valores distintos. Esa diversidad no puede resolverse presentando todos los números como mediciones equivalentes.

La magnitud describe el tamaño del fenómeno sísmico mediante una escala definida. La intensidad describe los efectos en un lugar: lo que sienten las personas, cómo responden los edificios y qué cambios se observan. Un mismo terremoto produce intensidades diferentes según distancia, terreno y vulnerabilidad de las construcciones. Por eso es incorrecto imaginar que todas las ciudades afectadas recibieron una sacudida idéntica simplemente porque participaron en el mismo episodio.

También conviene evitar la fórmula automática «escala de Richter» para cualquier gran terremoto histórico. El símbolo Mw alude a magnitud de momento; no es intercambiable sin explicación con todas las escalas anteriores. La reevaluación de Fonseca, publicada en 2020 a partir de más de un millar de datos macrosísmicos, muestra que el debate continúa. La incertidumbre sobre la cifra exacta no reduce la gravedad del desastre. Nos recuerda que reconstruir el pasado requiere explicitar el método y que los decimales pueden sugerir una precisión que los documentos no poseen.

Fuentes y localizadores: [1], [9], [5].

6. Cómo un movimiento del fondo marino pone en marcha un tsunami

Un terremoto puede generar un tsunami cuando produce una deformación rápida del fondo capaz de desplazar una cantidad importante de agua. La superficie del mar queda perturbada y la gravedad tiende a restablecer el equilibrio. La energía se propaga entonces mediante ondas que pueden recorrer grandes distancias. No todos los terremotos submarinos producen tsunamis relevantes: importan el tipo de movimiento, su extensión, la profundidad y el desplazamiento efectivo del lecho.

El proceso no consiste en que una grieta aspire el océano y lo expulse después como un cañón. Tampoco exige que el agua nazca en forma de una muralla vertical. La deformación afecta a una región y crea una perturbación que se transmite. En los esquemas pedagógicos se exageran las escalas para hacer visible el mecanismo; por eso no deben confundirse con una sección geológica medida de la ruptura de 1755.

Este origen ayuda a entender la diferencia entre la rapidez con que llega la sacudida y el tiempo de propagación del tsunami. Las ondas sísmicas viajan por la Tierra; la perturbación del agua se desplaza de otra manera y su velocidad depende especialmente de la profundidad. Una localidad puede sentir el terremoto antes de que cambie el mar. Ese intervalo no es igual en todas las costas y no debe transformarse en una promesa de que siempre habrá una hora disponible para reaccionar.

Fuentes y localizadores: [11], [10].

7. En mar abierto puede pasar inadvertido; en la costa puede destruir

En aguas profundas, la longitud de onda de un tsunami puede ser enorme en comparación con la de las olas ordinarias creadas por el viento. Un barco lejos de la costa puede no advertir una elevación especialmente llamativa, aunque la perturbación transporte energía a través del océano. La escasa altura aparente en ese punto no permite deducir que el fenómeno será inofensivo al llegar a tierra.

Como aproximación para ondas largas en agua de profundidad uniforme, la velocidad puede expresarse como c = √(g × h). Con una profundidad de 4.000 metros, el resultado ronda 713 kilómetros por hora; con 100 metros, unos 113; con 10 metros, unos 36. Son ejemplos físicos ideales de nuestra infografía, no velocidades medidas del tsunami de 1755 ni una calculadora suficiente para obtener tiempos reales de llegada.

Al aproximarse a la costa, el cambio de profundidad modifica la propagación. La forma del fondo puede concentrar o dispersar energía, y la línea de costa puede orientar el flujo hacia determinados espacios. El resultado tampoco tiene que parecerse a una ola de surf gigantesca. Puede manifestarse como una rápida subida del nivel del agua, corrientes muy violentas, inundaciones sucesivas o una entrada de agua que remonta un canal. El peligro está en el movimiento y el volumen, no solamente en una cresta fotogénica.

Fuentes y localizadores: [10], [12].

8. Altura de ola, run-up e inundación: tres cosas diferentes

Una noticia que afirma que «el agua llegó a diez metros» está incompleta si no explica qué se ha medido. La altura de ola, en sentido físico, es la diferencia vertical entre cresta y seno. La elevación del agua respecto al nivel del mar de referencia constituye otra magnitud. El run-up expresa la cota máxima alcanzada en tierra sobre una referencia marina. La distancia de inundación describe un avance horizontal hacia el interior.

Hay además una variable fundamental para las personas y los edificios: la profundidad del flujo sobre el suelo de un lugar concreto. Un terreno situado a cierta cota puede quedar cubierto por una lámina de agua distinta de la elevación máxima registrada en otro punto de la costa. Comparar números sin estas distinciones mezcla medidas y puede convertir un mismo episodio en varios relatos aparentemente incompatibles.

En 1755 se añadían otros problemas. Los observadores utilizaban unidades diferentes, describían marcas en muros o comparaban el agua con elementos del paisaje. Las referencias podían incluir el estado de la marea, o no hacerlo de forma explícita. Un estudioso posterior debe reconstruir qué quiso decir cada testimonio antes de pasarlo a metros. Esta es una de las razones por las que el artículo no ofrece una altura única válida para Lisboa, Huelva, Cádiz y Marruecos. Las consecuencias fueron locales dentro de un fenómeno común.

Fuentes y localizadores: [13], [12], [21].

9. Lisboa y el Tajo: el espacio abierto que no siempre era un refugio

Después de los derrumbes, alcanzar un espacio abierto podía parecer una decisión razonable. El problema es que el frente del Tajo estaba expuesto a la entrada del tsunami. La ciudad vivió una superposición de peligros: los edificios amenazaban desde arriba y el agua podía ocupar los lugares hacia los que se habían dirigido algunos supervivientes. Esa contradicción ayuda a comprender el desconcierto sin atribuir a las personas de 1755 conocimientos que no poseían.

La investigación de Santos y colaboradores sobre un sector delimitado de la Baixa combina información histórica, reconocimiento del terreno y modelización. Para esa zona, el escenario calculado sitúa la llegada del tsunami alrededor de una hora después del terremoto y reproduce dos ondas principales. También identifica una inundación concentrada en determinadas calles y plazas del frente fluvial. Son resultados para un área y un escenario de estudio, no una cronología universal para todos los barrios.

El valor de esa reconstrucción está en romper una imagen demasiado uniforme de Lisboa. No todo fue destruido de la misma manera ni en el mismo instante. El daño inicial del temblor, el recorrido del agua y la propagación posterior del incendio tuvieron geografías diferentes. Cuando un mapa científico muestra una zona estudiada, sus conclusiones no deben extenderse sin más al conjunto de la capital. Una escala espacial bien definida es parte del rigor histórico, aunque resulte menos espectacular que afirmar que toda la ciudad desapareció de golpe.

Fuentes y localizadores: [6], [11].

10. El fuego: la catástrofe que siguió creciendo durante días

En Lisboa, los incendios no fueron un detalle posterior. Las fuentes y los estudios urbanos muestran que contribuyeron decisivamente a la pérdida de edificios y bienes. La ciudad dañada ofrecía dificultades para acceder a algunos lugares, mover materiales y organizar la respuesta. Los fuegos presentes en la vida doméstica y religiosa pudieron participar en el inicio de focos; reducir toda la explicación a una única vela caída sería una simplificación que no permite reconstruir cada caso.

Las evidencias arqueológicas de la Baixa añaden una dimensión material a los relatos. El Núcleo Arqueológico de la Fundação Millennium bcp identifica niveles de ruina y escombros, junto con vestigios del gran incendio posterior. Estas huellas permiten distinguir procesos y reconocer que el desastre quedó depositado en el subsuelo, no solo en cartas o grabados. La excavación, sin embargo, también requiere interpretar fases, alteraciones posteriores y el contexto concreto de cada hallazgo.

El incendio prolongó la emergencia y aumentó la pérdida de objetos que sostenían la vida urbana: archivos, mercancías, mobiliario, instrumentos y espacios de trabajo. La destrucción de una casa no terminaba en el momento del colapso, porque podía impedir recuperar bienes o documentos después. En ese sentido, la secuencia de 1755 fue acumulativa. El terremoto abrió una crisis; el agua y el fuego ampliaron sus efectos y complicaron la posibilidad de contar lo sucedido, rescatar lo conservado y reconstruir una vida cotidiana.

Fuentes y localizadores: [41], [6], [27].

11. El Algarve: la costa portuguesa más allá de la capital

La fama de Lisboa no debe borrar la situación de las comunidades del Algarve. Su proximidad a las fuentes oceánicas candidatas y la exposición de sus costas convirtieron al sur portugués en un escenario importante de los daños. Sagres, Lagos y otros núcleos aparecen en la documentación y en las reconstrucciones del tsunami. Sus experiencias no pueden resumirse copiando para todos la altura máxima atribuida a un único punto.

El análisis científico del litoral combina documentos con señales que permanecen en el paisaje. En la Lagoa dos Salgados, un trabajo de Costa y colaboradores estudió un depósito arenoso dentro de una secuencia de ambiente estuarino y lagunar. Sus resultados de datación permitieron atribuirle una edad compatible con el episodio de 1755. Ese tipo de investigación no sustituye las voces humanas: ofrece otra clase de evidencia que puede contrastarse con ellas.

La importancia del Algarve para esta historia es doble. Muestra la amplitud de la tragedia portuguesa y ayuda a entender que los efectos dependieron de barreras, depresiones, accesos marinos y ocupación humana. También ilustra la diferencia entre estudiar el pasado y construir un escenario actual. Las investigaciones que preguntan qué sucedería hoy con un tsunami semejante incorporan poblaciones, edificios e infraestructuras diferentes. Un mapa moderno de riesgo inspirado en 1755 no es una fotografía de lo que ocurrió en cada parcela hace más de dos siglos.

Fuentes y localizadores: [24], [25].

12. Huelva: una tragedia repartida entre playas, barras y estuarios

El litoral onubense reunía actividades y espacios especialmente sensibles a una inundación marina: pesquerías, embarcaciones, instalaciones próximas a las playas, desembocaduras y pasos bajos. No basta con imaginar el casco de una ciudad recibiendo una ola. Una parte del desastre tuvo lugar en lugares de trabajo dispersos, donde la exposición de las personas dependía de su actividad y de su situación concreta en aquel momento.

El Archivo Histórico Provincial de Huelva conserva y difunde un documento fechado el 2 de noviembre de 1755 sobre los efectos en Huelva y Ayamonte. Su existencia permite aproximarse a una reacción casi inmediata, cuando la información todavía se estaba reuniendo. La propia cercanía temporal tiene ventajas y límites: registra el impacto de la noticia y datos tempranos, pero no garantiza un balance terminado ni elimina rumores y omisiones.

Debemos recordar también que utilizamos «provincia de Huelva» como referencia geográfica actual. Las jurisdicciones y los términos de 1755 no coinciden necesariamente con los límites municipales de hoy. Lo mismo sucede con los nombres de algunas poblaciones y con una costa que ha cambiado por procesos naturales y obras humanas. Leer una cifra local exige preguntar qué territorio abarca y si incluye a quienes trabajaban en sus playas. Esta precaución evita transformar las víctimas atribuidas a un término en una escena inventada dentro de una plaza concreta.

Fuentes y localizadores: [15], [17].

13. Ayamonte y el Guadiana: un río que conectaba la vida y el peligro

Ayamonte ocupaba un espacio fronterizo y portuario relacionado con el Guadiana. La sacudida y las alteraciones del agua afectaron a una comunidad cuya actividad se distribuía entre la población, el río y el litoral. Los estudios locales ayudan a seguir esa geografía y a evitar que todo quede reducido al número de muertos que aparece en una tabla general.

La recopilación de Martínez Solares atribuye al ámbito de Ayamonte 400 ahogados. El dato debe presentarse como un recuento histórico utilizado por esa investigación, no como una cifra cerrada de vecinos fallecidos dentro del casco urbano. En una economía de pesquerías y tránsito marítimo, una jurisdicción podía reunir personas de procedencias distintas. La identificación de los desaparecidos y la recuperación de los cuerpos no eran procedimientos inmediatos ni completos.

El caso de Ayamonte obliga a observar las desembocaduras con otra mirada. Un río no actúa siempre como una separación protectora frente al mar: puede formar parte del recorrido de una inundación costera. Eso no significa que cada tsunami remonte todos los cauces con idéntico alcance. Importan la forma del estuario, la marea y la topografía. La historia local adquiere así valor explicativo: permite comprender cómo un fenómeno oceánico entró en los espacios donde se trabajaba y circulaba, sin necesidad de inventar una altura o un itinerario exactos para los que no contamos con pruebas suficientes.

Fuentes y localizadores: [16], [2], [18].

14. Lepe y La Redondela: devolver un nombre a las víctimas de las pesquerías

Entre los datos más duros del balance español figuran los atribuidos a Lepe, con 203 ahogados, y La Redondela, con 276. Su presencia junto a grandes puertos recuerda que la magnitud humana de un desastre no sigue necesariamente la jerarquía urbana. Un espacio costero de trabajo puede concentrar mucha exposición aunque su nombre tenga menos presencia en las narraciones nacionales.

Estas cifras proceden de la tabla de víctimas del maremoto elaborada por Martínez Solares. Conviene conservar esa atribución porque la investigación utiliza testimonios y ámbitos históricos, no registros modernos homologados. El propio análisis señala la presencia de gente dedicada a las pesquerías originaria de otros lugares. La pérdida afectaba, por tanto, tanto al territorio que recibió el agua como a familias y redes laborales que podían encontrarse lejos de allí.

Una lectura social de 1755 debe preguntarse qué significaba perder embarcaciones, aparejos, instalaciones y compañeros en un solo episodio. La supervivencia física no garantizaba conservar un medio de vida. Una comunidad podía seguir existiendo y quedar profundamente alterada en su capacidad de trabajar, abastecerse o afrontar deudas. Esta dimensión no autoriza a inventar una biografía individual para hacer emocionante el relato. Los nombres de Lepe y La Redondela, la actividad documentada y los recuentos disponibles bastan para reconocer una tragedia concreta que suele quedar oculta bajo la etiqueta general de «Lisboa».

Fuentes y localizadores: [2], [15], [16].

15. Huelva y el sistema Tinto-Odiel: leer el agua junto al terreno

La ciudad de Huelva y su entorno estuarino muestran por qué la distancia a una playa abierta no es el único criterio para comprender una amenaza marina. En un sistema de canales y zonas bajas, la forma del paisaje condiciona los recorridos del agua. La ocupación humana de esas áreas, sus accesos y sus actividades determina después qué personas y bienes quedan expuestos.

Los investigadores han estudiado el registro sedimentario de episodios de alta energía en el estuario de Huelva. También se han desarrollado modelos de un tsunami semejante al de 1755. El trabajo de Lima y colaboradores, publicado en 2010, no pretendía dibujar una copia exacta del desastre histórico: evaluaba parámetros de inundación bajo supuestos de fuente y condiciones determinadas. Entre sus conclusiones destacaba la influencia del nivel de marea sobre la profundidad del flujo.

En la tabla histórica de víctimas figuran 66 ahogados atribuidos a Huelva, pero la documentación recoge discrepancias con otras referencias. Elegir la cifra de una investigación identificada y explicar sus límites resulta más honesto que combinar versiones para obtener el total más impactante. Tampoco debemos confundir la capital, el estuario y la provincia actual. Cada escala responde a una pregunta diferente. Un buen relato muestra esa diversidad: daños sísmicos en los edificios, inundaciones en espacios expuestos y pérdidas humanas distribuidas de manera desigual por un territorio que no era idéntico al presente.

Fuentes y localizadores: [17], [18], [2].

16. Cádiz: murallas, barrios y la salida hacia el istmo

Cádiz ofrecía una situación geográfica distinta de la onubense. Su configuración, el frente atlántico, los accesos y las defensas urbanas condicionaron la relación con el agua. Las murallas pudieron modificar el impacto en algunos puntos, pero no deben presentarse como una barrera absoluta que anuló el tsunami. La documentación habla de entrada del agua y de daños, no de una ciudad situada fuera del fenómeno.

Un texto histórico reproducido en una actividad científica de la Universidad Pablo de Olavide describe roturas en la zona de La Caleta, inundación de La Viña y amenazas de entrada por Puerta del Mar. Recoge también que algunas personas abandonaron la ciudad por Puerta de Tierra y encontraron peligro en el espacio al que se dirigían. El episodio contiene una de las paradojas más importantes del desastre: alejarse de los edificios no equivalía siempre a alejarse del agua.

El istmo no debe aparecer en nuestra imaginación como una carretera actual vacía y perfectamente reconocible. La forma del entorno y su ocupación eran históricas. Lo que sí podemos explicar es el problema general de una salida por terreno bajo y expuesto durante una emergencia costera. La suma de una decisión razonable ante un riesgo y una información insuficiente sobre otro puede producir consecuencias trágicas. La investigación de la bahía permite situar esas decisiones en contexto sin convertir a los supervivientes en personajes torpes ni atribuirles una capacidad de predicción que no tenían.

Fuentes y localizadores: [19], [20].

17. La bahía y la costa gaditana no recibieron un impacto uniforme

El Puerto de Santa María, Rota, Sanlúcar de Barrameda, el ámbito de la Isla de León y otros lugares de la costa gaditana aparecen en los testimonios y en la investigación histórica. Cada uno presentaba una combinación diferente de exposición al mar, canales, defensas, edificios y actividades. Hablar de «la ola de Cádiz» como si toda la provincia hubiera sido golpeada por una pared de agua idéntica hace desaparecer esa diversidad.

Las evidencias geomorfológicas y arqueológicas amplían el mapa. Gracia Prieto y colaboradores estudiaron registros en Valdelagrana, Torregorda, el cabo de Trafalgar y la ensenada de Los Lances. Los procesos analizados incluyen erosión, depósitos y cambios en barreras costeras. Su trabajo relaciona la dirección de llegada y la transformación de las ondas con la plataforma continental y la geometría del litoral.

Estos estudios muestran por qué dos tramos relativamente cercanos pueden conservar huellas distintas. La energía se redistribuye al propagarse y el agua encuentra formas costeras diferentes. Además, no toda huella se conserva, ni todo depósito puede asignarse a un episodio sin una datación adecuada. Para el lector, la idea esencial es sencilla: una costa no es una línea pasiva sobre el mapa. Es un conjunto de formas que interactúan con el fenómeno. El desastre de 1755 se entiende mejor observando esa interacción que buscando una sola cifra de altura para todos los municipios.

Fuentes y localizadores: [19], [14].

18. Cádiz y las olas gigantes: por qué las cifras necesitan una lectura crítica

Entre las afirmaciones más repetidas sobre 1755 están las alturas extraordinarias atribuidas al agua en Cádiz. El problema no se resuelve eligiendo la cifra mayor de un testimonio. Hay que comprobar dónde observó el autor, qué referencia utilizó, qué unidad empleó y cómo llegó el texto hasta nosotros. Una traducción, una copia o una corrección editorial pueden introducir diferencias que después parecen datos independientes.

El estudio de Pierre-Louis Blanc sobre los relatos de Antonio de Ulloa y Louis Godin comparó precisamente esas discrepancias. Su interpretación de la observación de Godin distingue una elevación total respecto a una referencia de marea de la parte atribuida al tsunami, que calcula en torno a 2,5 metros sobre la marea astronómica prevista para Cádiz. Ese resultado pertenece a una reconstrucción concreta: no demuestra que ningún punto del golfo pudiera experimentar valores mayores.

Tampoco permite concluir que el peligro fuera pequeño. Una subida rápida con corrientes intensas puede producir graves daños sin parecerse a una montaña de agua. La aportación más útil del debate es metodológica: no confundir altura, nivel total, run-up y estimación histórica. El artículo conserva el desacuerdo a la vista porque esa es parte de la realidad estudiada. Repetir una ola de veinte metros para toda la ciudad, sin explicar la discusión, ofrecería una imagen rotunda pero menos informativa que reconocer qué observaciones son compatibles, cuáles se cuestionan y qué sigue abierto.

Fuentes y localizadores: [21], [13], [14].

19. Contar a los muertos: un balance identificado vale más que un número espectacular

Los recuentos de una catástrofe histórica no son una suma sencilla de casillas. Hay desaparecidos, personas de paso, fallecimientos posteriores, referencias que se copian y territorios contados con criterios diferentes. En Lisboa se añadieron el incendio y la destrucción de documentos. Las estimaciones publicadas por catálogos y estudios varían ampliamente, incluso cuando todos coinciden en la enorme gravedad del episodio.

La ficha divulgativa del IGN recoge una estimación para Lisboa muy inferior a los totales que aparecen en algunas síntesis internacionales, como la del USGS. No conviene fusionar esos valores ni convertir una estimación de ciudad en otra de todo Portugal, del terremoto completo o del conjunto de terremoto, tsunami e incendios. Aquí no se ofrece una cifra mundial cerrada porque las fuentes utilizadas no permiten hacerlo con una seguridad comparable a la de un censo contemporáneo.

Para España sí presentamos un balance concreto y su procedencia: el utilizado por Martínez Solares y recogido por el IGN. La tabla del maremoto incluye localidades para las que existe un número y un caso, Rota, donde se indican víctimas sin precisar cuántas. El total numérico de la tabla no elimina esa laguna. Esta forma de mostrar la información conserva a la vez dos verdades: el tsunami produjo una mortalidad muy superior a la sacudida en España, y la exactitud aparente de un total no debe ocultar cómo se construyó.

Fuentes y localizadores: [1], [2], [5].

Ámbito local identificado por el estudioAhogados recogidos
Ayamonte400
Cádiz200
Chiclana de la Frontera3
Chipiona4
Conil de la Frontera24
Huelva66
Lepe203
El Puerto de Santa María5
La Redondela276
RotaSe citan ahogados, sin número
San Fernando / ámbito de la Isla de León22
Sanlúcar de Barrameda9
Vejer de la Frontera2
Suma de las cifras numéricas de la tabla1.214
Fuente: Martínez Solares (2001), tabla 9, p. 32. Topónimos normalizados para la localización; cifras sujetas a los límites de la documentación histórica. No incluyen las 61 víctimas atribuidas al temblor.

20. Marruecos, las islas y el otro lado del Atlántico

El tsunami alcanzó costas marroquíes y se observó en lugares alejados de su zona de origen. Las compilaciones históricas y las reconstrucciones de NOAA reúnen noticias de islas atlánticas, costas europeas y el Caribe. Esa propagación convirtió 1755 en un episodio de escala oceánica. No significa que todos esos territorios sufrieran una devastación comparable a la de los lugares próximos a la fuente.

Marruecos exige un cuidado particular. La revisión de Blanc de 2009 planteó que algunas narraciones habían mezclado los efectos del 1 de noviembre con otro terremoto posterior de ese mes, además de introducir interpretaciones problemáticas de la inundación. Su trabajo no debe utilizarse para borrar la experiencia marroquí, sino para separar sucesos y evaluar los testimonios con el mismo rigor que aplicamos a Portugal y España.

La extensión del fenómeno permite además diferenciar presencia y gravedad. Un cambio de nivel registrado o descrito en un puerto lejano confirma propagación, pero no autoriza a inventar allí el mismo desastre vivido en Lisboa. Las simulaciones ayudan a explorar cómo la energía puede concentrarse en determinadas direcciones; sus colores dependen de una fuente supuesta y no son observaciones directas de 1755. Un mapa atlántico resulta más útil cuando deja claro si muestra testimonios, alturas recopiladas o resultados de un modelo. Son capas de conocimiento complementarias, pero distintas.

Fuentes y localizadores: [23], [4], [12].

21. Cartas, archivos y rumores: reconstruir una experiencia sin inventarla

La documentación de 1755 es abundante y desigual. Hay informes de autoridades, cartas particulares, relaciones impresas, textos religiosos y noticias difundidas por redes diplomáticas y científicas. Cada género responde a una finalidad. Un informe puede buscar que la administración conozca daños; una relación impresa puede intentar conmover; una carta puede mezclar lo visto con lo oído. La crítica histórica comienza por distinguir esas posiciones.

El documento conservado en Huelva y las cartas incorporadas a los archivos de la Royal Society muestran dos escalas de circulación de información. Una recoge efectos próximos; otras llevan testimonios a lectores extranjeros y sociedades científicas. Su valor no depende de que todos sus detalles sean exactos. Son evidencias de lo que se observó, de cómo se entendió y de qué se consideró importante comunicar.

Para utilizar un relato conviene preguntar quién lo escribió, desde dónde, cuánto tiempo después y con qué acceso a la información. También hay que comprobar si varios textos son testimonios independientes o repiten una misma noticia. Contar copias como si fueran observaciones distintas puede crear una falsa mayoría documental. Este criterio explica por qué no añadimos escenas con diálogos, pensamientos o acciones de personas anónimas que las fuentes no identifican. La fuerza narrativa puede surgir de relacionar documentos reales y espacios concretos, sin presentar una recreación literaria como experiencia acreditada.

Fuentes y localizadores: [15], [30], [42].

22. El paisaje conserva pruebas, pero no todas las arenas cuentan la misma historia

Los tsunamis pueden erosionar superficies, transportar sedimentos y dejar materiales marinos en lugares donde antes predominaban otros ambientes. Los investigadores estudian tamaños de grano, estructuras, microfósiles, relaciones entre capas y edades. Ninguna de estas pistas debería leerse aislada. Una tormenta fuerte también puede mover materiales, y un depósito puede haber sido modificado después por procesos naturales o por intervenciones humanas.

Los trabajos en el estuario de Huelva y en la costa gaditana muestran el valor de cruzar esa información con documentos. También existen ejemplos que invitan a la cautela: una investigación publicada en 2014 sobre un depósito del sur de España obtuvo una edad de aproximadamente cuatro mil años y no apoyó su atribución anterior al episodio de 1755. La datación no adornó una historia ya decidida; obligó a revisarla.

La modelización añade otra prueba. Si una fuente candidata produce resultados incompatibles con observaciones fiables, hay que revisar el escenario o los datos. Si reproduce parte de las huellas, aumenta su plausibilidad, pero no desaparecen automáticamente las alternativas. La reconstrucción más sólida es la que admite correcciones. Para hablar de recurrencia, además, no basta con dividir el tiempo entre dos depósitos y anunciar una fecha futura: el registro es incompleto y los procesos no funcionan como una cita fijada en el calendario. Estudiar catástrofes antiguas permite evaluar peligrosidad, no profetizar el día del próximo desastre.

Fuentes y localizadores: [17], [14], [26], [8].

23. La emergencia: salvar vidas y salvar la información de una ciudad

La respuesta posterior necesitó resolver problemas simultáneos: atender a supervivientes, asegurar abastecimientos, gestionar ruinas y recuperar funciones de gobierno. El futuro marqués de Pombal, Sebastião José de Carvalho e Melo, adquirió un papel decisivo bajo José I. Sin embargo, reducir toda la recuperación a una frase célebre y a un único hombre oculta el trabajo de autoridades, técnicos, trabajadores y comunidades.

La historia de la Torre do Tombo ofrece un ejemplo concreto de esa respuesta. El archivo nacional sufrió daños y fue necesario proteger los documentos que habían sobrevivido. La exposición del Arquivo Nacional destaca la intervención de Manuel da Maia y las decisiones sobre un nuevo alojamiento. Salvar papeles en una ciudad arruinada podía parecer secundario frente a otras urgencias, pero los archivos sostenían derechos, bienes y la capacidad de reconstruir la propia memoria del Estado.

La conservación documental forma parte, por tanto, de la historia material del desastre. Lo que conocemos hoy depende también de lo que se pudo reunir y custodiar entonces. Esta perspectiva invita a desconfiar de una separación demasiado cómoda entre rescate humano y patrimonio: la recuperación de una sociedad incluye viviendas y alimentos, pero también pruebas de identidad, propiedad y administración. El terremoto no convirtió de inmediato a Lisboa en una ciudad organizada según criterios modernos. Abrió una lucha prolongada para restablecer servicios, imponer prioridades y decidir qué continuidad podía conservarse dentro de una transformación urbana profunda.

Fuentes y localizadores: [27], [32].

24. La reconstrucción tuvo un coste económico y social

La pérdida de edificios y mercancías no agotó el coste de 1755. Las economías urbanas necesitan circulación, crédito, suministros, trabajo y confianza. Una catástrofe que destruye almacenes y viviendas altera también dónde se negocia, quién puede pagar una reparación y qué actividades se reanudan primero. La recuperación tiene ritmos diferentes para un Estado, un comerciante y una familia que ha perdido su casa.

El historiador económico Álvaro S. Pereira estimó el coste directo del terremoto entre un 32 % y un 48 % del producto portugués de referencia en su investigación. Se trata de una reconstrucción económica histórica basada en datos y supuestos, no de una contabilidad completa realizada en 1755. El estudio también analiza volatilidad de precios y salarios y el aumento de la ventaja salarial de trabajadores de la construcción durante la recuperación.

El título de su trabajo, que considera las oportunidades de reforma abiertas por el desastre, requiere una lectura cuidadosa. Que una crisis facilite cambios institucionales no significa que la destrucción fuera beneficiosa para quienes la sufrieron. La reconstrucción puede crear demanda de trabajo y, al mismo tiempo, dejar pérdidas irrecuperables. Por eso conviene observar quién decide, quién paga y quién espera. Esta dimensión amplía el artículo más allá del instante del tsunami: la catástrofe continuó en el esfuerzo de reparar, endeudarse, trasladarse y restablecer relaciones económicas que habían dejado de funcionar de un día para otro.

Fuentes y localizadores: [31].

25. Una ciudad nueva: la Baixa y los límites de la reconstrucción

La reconstrucción de la Baixa dio lugar a una trama urbana más regular y a soluciones edificatorias que hoy forman parte de la identidad de Lisboa. Manuel da Maia, Eugénio dos Santos y Carlos Mardel participaron en ese proceso técnico y urbano. No fue el simple reemplazo de cada casa por otra igual. El desastre abrió decisiones sobre calles, manzanas, usos y organización de un espacio central de la capital.

Un plano regular puede facilitar la orientación y la organización urbana, pero no basta por sí solo para eliminar el riesgo. Las construcciones necesitan sistemas resistentes, materiales adecuados y un mantenimiento compatible con su funcionamiento. También hay una dimensión histórica: rehacer el centro transforma relaciones anteriores y produce nuevas formas de ocuparlo. La reconstrucción debe entenderse como un proceso de décadas, con proyectos, ejecuciones y modificaciones, no como una ciudad terminada al año siguiente.

Las ruinas del Carmo se han convertido en uno de los memoriales más reconocibles del terremoto. El museo instalado allí vincula ese recuerdo a una historia posterior de protección del patrimonio y de uso del edificio. Su apariencia actual no debe leerse como un instante congelado de noviembre de 1755: el lugar conoció intervenciones y decisiones posteriores. Esta continuidad hace del Carmo algo más que una imagen dramática de arcos sin cubierta; permite estudiar cómo una sociedad conserva y transforma la memoria de una pérdida.

La Lisboa que visita hoy un lector contiene capas anteriores y posteriores a 1755. Un edificio conservado, una fachada reformada o un espacio abierto no deben usarse automáticamente como prueba de lo que ocurrió aquel día. La lectura patrimonial gana cuando pregunta por las fases y por los cambios de función. El desastre fue decisivo, pero la capital no quedó detenida después de él. Reconocer esa continuidad evita otro mito: creer que cualquier elemento que parezca antiguo pertenece necesariamente a la ciudad destruida o que todo lo visible nació de una sola campaña pombalina.

Fuentes y localizadores: [32], [40], [6], [44].

26. La gaiola pombalina: aprender de los fallos de los edificios

Entre las soluciones asociadas a la reconstrucción destaca la gaiola pombalina, un sistema que integra entramados arriostrados de madera y fábrica. Su imagen más reconocible son los elementos diagonales que forman cruces dentro de las paredes. La idea esencial no es decorar el muro con una X, sino organizar un conjunto de miembros y uniones que participa en el comportamiento del edificio.

El informe 92 de la World Housing Encyclopedia, elaborado por especialistas, describe esta tipología y sus características. Nuestra infografía se limita a enseñar el principio de un entramado arriostrado: no reproduce una pared concreta, no define dimensiones y no equivale a un cálculo resistente. El comportamiento real depende de la disposición, las conexiones, el estado de conservación y las transformaciones que haya sufrido la construcción.

Es importante mantener esa diferencia porque la arquitectura histórica suele presentarse mediante lemas absolutos: «inventaron edificios que no podían caer». Una solución orientada a mejorar la respuesta sísmica no garantiza invulnerabilidad. Las reformas que eliminan elementos, el deterioro y el uso posterior pueden modificar la situación. La aportación de la reconstrucción de Lisboa fue incorporar de manera sistemática una reflexión sobre el edificio y el riesgo dentro de un gran proceso urbano. Esa respuesta técnica merece más atención que una leyenda de perfección, precisamente porque permite estudiar qué funcionaba, bajo qué condiciones y qué límites conservaba.

Fuentes y localizadores: [33].

27. Portugal y España: convertir miles de experiencias en preguntas comparables

Uno de los legados intelectuales del desastre fue el esfuerzo de reunir información de forma sistemática. En España, la orden circular del 8 de noviembre de 1755 impulsó la recopilación de noticias sobre lo ocurrido. La investigación histórica de ese procedimiento permite seguir cómo la monarquía de Fernando VI intentó conocer los efectos a través de autoridades territoriales. Los documentos resultantes acabarían siendo fundamentales para los estudios macrosísmicos.

En Portugal, en enero de 1756, un cuestionario de trece preguntas se distribuyó a través de los obispos y las parroquias. Pedía información sobre el movimiento, los daños, las aguas, las grietas y las repeticiones del fenómeno, entre otros asuntos. La diferencia entre ordenar que se escriba «todo lo terrible que ocurrió» y formular preguntas comparables es importante: abre la posibilidad de relacionar experiencias de lugares distintos con un criterio común.

No debemos convertir estos cuestionarios en la invención súbita de toda la sismología ni en una ciencia libre de los supuestos de su tiempo. Constituyeron un avance dentro de una historia más larga de observaciones y explicaciones naturales. Su fuerza está también en permitir trabajo posterior. Personas que no podían identificar una falla marina ni calcular una magnitud dejaron descripciones que hoy se someten a nuevas preguntas. La cooperación entre archivo e investigación científica comienza cuando esas respuestas se conservan, se contextualizan y se comparan, en lugar de escoger únicamente las frases que mejor sostienen un relato espectacular.

Fuentes y localizadores: [29], [28], [42].

28. Voltaire, Rousseau y Kant: una sacudida para las ideas europeas

El terremoto entró pronto en el debate intelectual europeo. Voltaire publicó en 1756 un poema sobre el desastre de Lisboa y volvió a tratar el sufrimiento y el optimismo en Cándido, aparecido en 1759. La catástrofe planteaba una pregunta difícil para quienes defendían que el orden del mundo podía justificarse como bueno: cómo hablar de armonía ante el dolor de personas que no habían elegido estar expuestas al desastre.

Rousseau respondió a Voltaire en una carta fechada el 18 de agosto de 1756. Sin reducir su pensamiento a una consigna actual, resulta significativo que discutiera la forma de vivir y construir de los seres humanos al considerar los daños. El peligro natural y las decisiones sociales no eran cuestiones completamente separadas. Leer esa carta permite distinguir entre la existencia del fenómeno y la distribución humana de sus consecuencias, aunque el marco filosófico de Rousseau fuera muy distinto del lenguaje contemporáneo de gestión del riesgo.

Kant también escribió sobre los terremotos en 1756, buscando explicaciones naturales con los conocimientos disponibles. Sus hipótesis físicas no deben confundirse con la tectónica moderna, pero el esfuerzo muestra que la respuesta no fue únicamente religiosa. Sería igual de simplificador afirmar que, después de Lisboa, Europa abandonó de golpe la fe y se volvió científica. La memoria de 1755 contiene observación, providencia, consuelo, discusión filosófica y política. Su importancia reside en esa conversación conflictiva, no en presentar una única victoria intelectual instantánea sobre todas las demás interpretaciones.

Fuentes y localizadores: [34], [35], [36].

29. La memoria de Cádiz y las lecciones que siguen siendo útiles

La conmemoración de la Virgen de la Palma en Cádiz conserva una lectura religiosa del episodio vinculada al retroceso de las aguas en La Viña. La documentación patrimonial andaluza describe la atribución de protección a la Virgen y la continuidad de la práctica conmemorativa. Tratar esa memoria con rigor significa reconocer su valor social sin convertir una interpretación devocional en una explicación física del tsunami.

La ciencia actual tampoco autoriza un calendario del próximo gran desastre. Que exista peligro en el Atlántico ibérico no significa que pueda anunciarse una fecha a partir de un aniversario o de una supuesta periodicidad exacta. La planificación española contempla el riesgo de maremotos y el IGN participa en la detección y valoración de fenómenos que pueden generarlos. Un sistema de alerta mejora la respuesta, pero necesita información comprensible, coordinación y conocimiento local.

La recomendación general del IGN es clara: si se está en la costa y se siente un terremoto o se observa un avance o retroceso anómalo del mar, hay que alejarse y dirigirse a zonas elevadas. No se debe acudir a la orilla para mirar el fenómeno ni volver porque la primera onda haya pasado. Estas orientaciones no sustituyen los planes e instrucciones locales. El aprendizaje histórico más importante es comprender que una emergencia puede cambiar de forma: sobrevivir a la sacudida no elimina el peligro costero, y una imagen tranquila del mar no informa por sí sola de lo que ocurrirá a continuación.

Fuentes y localizadores: [22], [37], [38], [39].

  1. Consultar los planes locales y conocer las rutas y zonas seguras señalizadas antes de una emergencia.
  2. Alejarse de la costa hacia zonas elevadas ante las señales naturales de peligro descritas por el IGN.
  3. Seguir las instrucciones oficiales y evitar regresar hasta que se indique el fin del peligro.

Preguntas frecuentes: las respuestas esenciales

¿Cuándo ocurrió el terremoto de Lisboa?

El sábado 1 de noviembre de 1755, durante la mañana local. Las horas de los documentos no deben tratarse como registros sincronizados al segundo. El tsunami llegó después con diferencias entre localidades y los incendios de Lisboa prolongaron el desastre durante días.

¿El epicentro estaba debajo de Lisboa?

No. El origen se sitúa en la región oceánica al suroeste de Iberia. La fuente y la secuencia exactas de ruptura siguen siendo objeto de investigación. La denominación recuerda sobre todo el impacto y la notoriedad de la capital portuguesa.

¿Qué magnitud tuvo?

El IGN utiliza una magnitud estimada de 8,5 Mw. Al no existir un registro instrumental contemporáneo, otros estudios proponen estimaciones diferentes. Es importante indicar la fuente y evitar presentar un valor como si hubiera sido medido por sismómetros en 1755.

¿Afectó de verdad a Huelva y Cádiz?

Sí. Las fuentes históricas y los estudios documentan un impacto grave en el suroeste español, con especial mortalidad en espacios costeros. Ayamonte, Lepe, La Redondela, Huelva y distintos lugares del litoral gaditano forman parte esencial de la historia.

¿Cuántas personas murieron en España?

La síntesis del IGN recoge 61 víctimas atribuidas al temblor y 1.214 al tsunami, según Martínez Solares. Es un balance de investigación histórica con límites documentales, no un censo cerrado ni una cifra que deba atribuirse a Cádiz capital.

¿Fue una sola ola?

No. Un tsunami es una serie de ondas y puede mantener corrientes peligrosas e inundaciones sucesivas. La primera no tiene por qué ser la mayor. Su aspecto puede ser una subida rápida del agua y no necesariamente una gran ola que rompe como en el cine.

¿Un gran depósito de arena demuestra por sí solo que llegó el tsunami de 1755?

No. Hay que estudiar su contexto, composición, edad y relación con otras evidencias. Los temporales también producen depósitos. Algunas atribuciones antiguas a 1755 han sido revisadas cuando nuevas dataciones indicaron otro episodio.

¿Puede calcularse cuándo se repetirá?

No puede fijarse una fecha a partir de los aniversarios. Los estudios de peligrosidad y los escenarios sirven para planificar y reducir exposición. No son una predicción del día del próximo terremoto o tsunami.

Fuentes y localizadores: [1], [3], [10], [26], [38].

Glosario para leer el desastre sin confundir sus términos

TérminoQué significa
MagnitudMedida del tamaño de un terremoto, expresada con una escala definida.
IntensidadEfectos del movimiento sísmico en un lugar determinado.
EpicentroProyección en superficie del punto de inicio de un terremoto. No es toda la extensión de la ruptura.
TsunamiSerie de ondas generadas por una perturbación importante del agua.
Run-upCota máxima alcanzada por el agua en tierra respecto a un nivel marino de referencia.
InundaciónOcupación de tierra por el agua; su distancia horizontal no equivale a su profundidad.
MacrosismicidadEstudio de los efectos observados o descritos de los terremotos.
Peligrosidad y exposiciónLa posibilidad e intensidad del fenómeno y la presencia de personas o bienes en su alcance son aspectos diferentes.

Conclusión: una historia compartida por quienes vivían junto al agua

Lisboa dio nombre a la catástrofe, pero no puede contener por sí sola toda su historia. Para entender el 1 de noviembre de 1755 hay que relacionar una fuente oceánica todavía discutida, una capital dañada por procesos sucesivos y unas costas donde el trabajo y la vida cotidiana colocaban a muchas personas al alcance del agua. Huelva y Cádiz no fueron notas al pie. Formaron parte de una experiencia ibérica y atlántica que dejó muertos, cambios de paisaje, documentos y nuevas preguntas sobre la naturaleza y la sociedad.

La memoria más útil no es la que aumenta las alturas o redondea las víctimas hasta conseguir una cifra inolvidable. Es la que conserva los lugares, identifica las fuentes y explica las incertidumbres. Aquel desastre sigue interpelándonos porque muestra que el riesgo no depende solo de la fuerza de un fenómeno: también depende de dónde vivimos, cómo construimos, qué sabemos y de qué manera circula la información cuando más falta hace.

Para seguir explorando estas conexiones históricas: las ciudades del comercio y sus redes marítimas; el Tratado de Tordesillas y el mundo atlántico; y el índice completo de Folios de Historias.

Fuentes y bibliografía verificable

Consulta documental: 1 de noviembre de 2026. Las referencias se numeran para localizar la base de cada apartado. Las estimaciones científicas y los escenarios se identifican como tales. Las fuentes contemporáneas se leen con crítica documental; que un testimonio describa algo no obliga a aceptar literalmente cada altura, duración o recuento que ofrece.

[1] IGN. Terremotos más importantes: 1 de noviembre de 1755. Ficha divulgativa: magnitud estimada y balance español atribuido a Martínez Solares.

[2] Martínez Solares, J. M. (2001). Los efectos en España del terremoto de Lisboa. IGN, Monografía 19. Víctimas: pp. 29–32, tablas 8 y 9. Documentos AHN: apéndice II; RAH: apéndice III. Se citan páginas impresas, no el índice del visor PDF.

[3] IGN. Catálogo de tsunamis en las costas españolas. Entrada de 1/11/1755. Parámetros de catálogo, no observaciones instrumentales de 1755.

[4] NOAA/PTWC. Tsunami Historical Series: Lisbon — 1755. Propagación atlántica y simulación histórica. Los escenarios y las cifras de su narración no constituyen un censo unificado.

[5] USGS. Today in Earthquake History, entrada del 1 de noviembre. Ejemplo de catálogo con una estimación de magnitud y mortalidad diferente de otras síntesis.

[6] Santos, A. et al. (2019). The historical reconstruction of the 1755 earthquake and tsunami in downtown Lisbon, Portugal. Journal of Marine Science and Engineering 7, 208. Estudio de un área delimitada de la Baixa, no de toda Lisboa.

[7] Martínez-Loriente et al. (2021). The Horseshoe Abyssal plain Thrust could be the source of the 1755 Lisbon earthquake and tsunami. Communications Earth & Environment. Hipótesis de fuente, expresamente formulada como tal.

[8] Dourado et al. (2021). Can modeling the geologic record contribute to constraining the tectonic source of the AD 1755 Great Lisbon earthquake?. Earth and Space Science, e2020EA001109; comparación de fuentes candidatas y registro geológico.

[9] Fonseca, J. F. B. D. (2020). A Reassessment of the Magnitude of the 1755 Lisbon Earthquake. Bulletin of the Seismological Society of America. Reevaluación a partir de datos macrosísmicos.

[10] NOAA. Tsunamis: education resource collection. Física de las ondas y diferencias entre el océano profundo y la costa.

[11] USGS. Tsunamis and Tsunami Hazards. Generación, propagación e inundación por tsunamis.

[12] NOAA/NCEI. Introduction to Global Historical Tsunami Data. Catálogo histórico y distinción entre fenómenos y observaciones costeras.

[13] Maine Geological Survey. Tsunami: geologic hazards. Definiciones ilustradas de altura de ola y run-up; referencia física general.

[14] Gracia Prieto, J. et al. (2006). Direcciones de llegada del tsunami de 1755 a la costa gaditana a partir de datos geomorfológicos y arqueológicos. IX Reunión Nacional de Geomorfología, pp. 1023–1037. Valdelagrana, Torregorda, Trafalgar y Los Lances.

[15] Archivo Histórico Provincial de Huelva. Documentos para la historia de Huelva: las Catástrofes. Documento sobre los efectos en Huelva y Ayamonte, fechado el 2 de noviembre de 1755.

[16] Garrido Duque, A. J. El terremoto y tsunami de 1755. XXIII Jornadas de Historia de Ayamonte. Investigación local difundida por el Ayuntamiento de Ayamonte.

[17] Morales et al. (2008). Sedimentary record of recent tsunamis in the Huelva Estuary (southwestern Spain). Quaternary Science Reviews. Registro sedimentario del estuario.

[18] Lima, V. V. et al. (2010). Impact of a 1755-like tsunami in Huelva, Spain. Natural Hazards and Earth System Sciences 10, 139–148. Escenario de modelización; no mapa de lo ocurrido exactamente en 1755.

[19] Barbosa Sánchez, A. (2021). El terremoto y el tsunami de 1755 en las costas de la bahía de Cádiz y sus consecuencias. Matagorda, revista de estudios puertorrealeños, n.º 3; edición municipal de Puerto Real.

[20] Universidad Pablo de Olavide / actividad científica 1755–2015. Incluye una transcripción histórica sobre La Caleta, La Viña y la salida por Puerta de Tierra.

[21] Blanc, P.-L. (2008). The tsunami in Cadiz on 1 November 1755: A critical analysis of reports by Antonio de Ulloa and by Louis Godin. Comptes Rendus Geoscience 340, 251–261. Discusión crítica de alturas y niveles de referencia.

[22] Junta de Andalucía. Resolución de 7 de julio de 2022 sobre la conmemoración del maremoto por la Hermandad de La Palma. Documento de incoación patrimonial; se utiliza por su descripción de la memoria y la práctica religiosa.

[23] Blanc, P.-L. (2009). Earthquakes and tsunami in November 1755 in Morocco: a different reading of contemporaneous documentary sources. Natural Hazards and Earth System Sciences 9, 725–738. Revisión crítica y posible mezcla de sucesos de noviembre.

[24] Costa, P. J. M. et al. (2012). A tsunami record in the sedimentary archive of the central Algarve coast, Portugal. The Holocene. Lagoa dos Salgados, sedimentos y datación compatible con 1755.

[25] Tedim Pedrosa, F. y Gonçalves, J. (2008). The 1755 earthquake in the Algarve (South of Portugal): what would happen nowadays?. Advances in Geosciences 14, 59–63. Interpretación de documentos y escenarios costeros.

[26] Estudio de 2014. Sedimentological and geophysical properties of a ca. 4000 year old tsunami deposit in southern Spain. Sedimentary Geology. Ejemplo de una atribución a 1755 revisada mediante datación.

[27] Arquivo Nacional da Torre do Tombo. O Terramoto de 1755, a Torre do Tombo e Manuel da Maia. Exposición documental: salvamento del archivo y reorganización posterior.

[28] Quake. Inquérito: transcripción y referencias del cuestionario de 1756. Recurso museístico con referencia al Ministério do Reino, Livro de Avisos 5, y a documentos de ANTT.

[29] Evaluar un desastre. Procedimientos de la Monarquía Hispánica tras el Terremoto de Lisboa de 1755: la Orden Circular del 8 de noviembre. Revista de Historia Moderna, Universidad de Alicante. Investigación sobre el procedimiento de información español.

[30] Royal Society Archives. Letter, Of the earthquake of Nov 1 at Lisbon, Richard Wolfall a James Parsons, 22/11/1755. Documento L&P/3/62; ejemplo de la circulación de testimonios.

[31] Pereira, A. S. (2009). The Opportunity of a Disaster: The Economic Impact of the 1755 Lisbon Earthquake. The Journal of Economic History 69, 466–499. Estimaciones económicas históricas, no una contabilidad contemporánea completa.

[32] Arquivo Municipal de Lisboa. A catástrofe de 1755. Patrimonio documental y lectura urbana de la reconstrucción pombalina.

[33] Cardoso, R., Lopes, M., Bento, R. y D’Ayala, D. World Housing Encyclopedia, Report 92: Pombalino buildings. Informe técnico sobre entramados arriostrados de madera con relleno de fábrica.

[34] Bibliothèque nationale de France. Candide ou l’Optimisme: repères. Cronología del poema sobre Lisboa, el debate y Cándido.

[35] Rousseau. Lettre à M. de Voltaire, 18 de agosto de 1756, edición digital Rousseau Online. Texto primario: debate sobre providencia, mal físico y organización de la vida urbana.

[36] Kant Digital / BBAW. Herder’s Notes from Kant’s Physical Geography Lectures, Earthquakes. Contexto y referencias de los escritos de Kant sobre terremotos de 1756.

[37] BOE. Plan Estatal de Protección Civil ante el Riesgo de Maremotos, aprobado el 18 de mayo de 2021. Organización de alerta, coordinación e información preventiva en España.

[38] IGN. Preguntas frecuentes: sistema de alerta y qué hacer en caso de tsunami. Recomendaciones oficiales y función del Sistema Nacional de Alerta de Tsunamis.

[39] UNESCO-IOC. Tsunami Programme: What to do. Orientaciones generales de autoprotección; deben complementarse con las instrucciones locales.

[40] Museu Nacional do Azulejo. Grande Panorama de Lisboa. Recurso de una institución museística para distinguir la ciudad anterior a 1755 de la reconstruida.

[41] Fundação Millennium bcp. Núcleo Arqueológico. Registros arqueológicos de ruina, escombros e incendio en la Baixa.

[42] IGN. Historia de la sismología en España. Capítulo sobre 1755: circulación de noticias, Antonio de Ulloa y estudios posteriores.

[43] Secretaria-Geral da Economia. Documento do mês: proyecto de un teatro después de la destrucción de la Ópera do Tejo. Archivo institucional: proyecto posterior destinado a compensar la pérdida de la Ópera do Tejo en 1755.

[44] Museu Arqueológico do Carmo. Historia del museo y de las ruinas. Institución responsable del lugar: las ruinas como memorial y su posterior historia museística.

Créditos y método visual. Once infografías originales elaboradas para Folios de Historias a partir de los principios y datos documentados, con la marca foliosdehistorias.com. Portada y miniatura: ilustraciones conceptuales generadas con IA. No se presentan como documentos, fotografías ni reconstrucciones exactas de lugares y escenas de 1755. Los esquemas físicos exageran las escalas y el mapa no representa zonas de evacuación. Los cálculos de velocidad son ejemplos ideales, no mediciones históricas.

Artículo elaborado y revisado en noviembre de 2026.


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