La noche anterior había llovido sin descanso. El barro se pegaba a las botas, los cañones avanzaban con dificultad y decenas de miles de hombres esperaban sobre unas colinas al sur de Bruselas. Era el 18 de junio de 1815. A un lado, Napoleón Bonaparte intentaba salvar el imperio que había recuperado apenas cien días antes; enfrente, una coalición dirigida por el duque de Wellington aguardaba la ayuda del ejército prusiano de Gebhard von Blücher. Cuando llegó la noche, la batalla de Waterloo había terminado con la última gran apuesta militar de Napoleón. Pero para entender por qué perdió es necesario mirar más allá del mito del emperador vencido por un simple error o por la lluvia.

- Fecha: domingo, 18 de junio de 1815.
- Lugar: proximidades de Mont-Saint-Jean, en la actual Bélgica; el cuartel general aliado estaba en Waterloo.
- Combatientes: ejército francés de Napoleón frente al ejército multinacional de Wellington y los prusianos de Blücher.
- Resultado: victoria de la coalición y hundimiento definitivo del poder imperial napoleónico.
- Por qué importa: cerró la campaña de los Cien Días y aceleró el nuevo equilibrio europeo.
De la Revolución francesa al Imperio: por qué Europa llegó a Waterloo
La historia de Waterloo comienza mucho antes de 1815. Desde 1789, la Revolución francesa había alterado el orden político europeo: la caída de la monarquía absoluta, la guerra contra otras potencias y los cambios sociales desencadenaron un periodo prolongado de conflictos. Napoleón ascendió en aquel escenario como militar y dirigente político. Tras el golpe de Estado de 1799 y el Consulado, se proclamó emperador en 1804.
Sus victorias transformaron fronteras y gobiernos; sus reformas administrativas sobrevivieron a sus campañas. Sin embargo, el crecimiento del imperio exigía nuevos ejércitos, aliados y recursos. La guerra de España, la campaña de Rusia de 1812 y la derrota de Leipzig en 1813 debilitaron progresivamente su posición. A comienzos de 1814, las fuerzas de la coalición entraron en Francia y Napoleón abdicó.
Para profundizar en esa transformación, conviene leer la biografía completa de Napoleón y nuestro especial sobre el Consulado y su ascenso al poder. Waterloo no fue una batalla aislada, sino el desenlace de una crisis política y militar continental.
Elba, Luis XVIII y el inesperado regreso del emperador
Derrotado en 1814, Napoleón fue enviado a la isla mediterránea de Elba. Francia recuperó la monarquía borbónica bajo Luis XVIII, mientras diplomáticos de las principales potencias negociaban en el Congreso de Viena el futuro del continente. Parecía que los años de conquistas francesas habían terminado.
El 26 de febrero de 1815, Napoleón escapó de Elba. Desembarcó en Francia y marchó hacia París reuniendo partidarios y antiguos soldados. La rapidez de su avance y el derrumbe de la oposición militar permitieron que regresara a la capital el 20 de marzo, sin conquistarla mediante una gran batalla. Luis XVIII huyó y comenzó el periodo llamado de los Cien Días, nombre tradicional que resume aquel breve segundo gobierno.
La respuesta internacional fue inmediata. Austria, Prusia, Rusia y Gran Bretaña volvieron a comprometerse a combatirlo. Napoleón sabía que permanecer a la defensiva hasta que todos sus adversarios concentrasen sus ejércitos podía resultar fatal. Optó por lanzar una campaña rápida en los Países Bajos, entonces todavía no existía el Estado belga independiente.
El plan francés: derrotar a Wellington y Blücher por separado
En junio de 1815 había dos ejércitos aliados importantes próximos a la frontera francesa: uno multinacional dirigido por Arthur Wellesley, duque de Wellington, y otro prusiano mandado por Gebhard Leberecht von Blücher. Si conseguía vencer a uno antes de que acudiera el otro, Napoleón esperaba alterar el equilibrio de fuerzas y ganar margen diplomático.
El 15 de junio, el Ejército del Norte francés atravesó el río Sambre. Napoleón maniobró hacia el espacio que separaba a las fuerzas enemigas. Su estrategia era audaz, pero exigía que las diferentes unidades se movieran con rapidez y recibieran órdenes coherentes. La campaña mostraría que el genio operativo de un jefe no puede compensar siempre las dificultades de comunicación de un ejército.
Wellington y Blücher también debían coordinar fuerzas muy heterogéneas. Sus soldados procedían de varios estados y hablaban distintas lenguas, y las carreteras disponibles se convertían en cuellos de botella cuando miles de hombres, caballos, carros y cañones trataban de avanzar simultáneamente.

16 de junio: Ligny y Quatre Bras, dos batallas en un día
El 16 de junio, Napoleón logró derrotar al ejército prusiano en Ligny. Blücher sufrió una derrota seria, pero su ejército no quedó aniquilado. Mientras tanto, en Quatre Bras, el mariscal francés Michel Ney combatió contra fuerzas vinculadas a Wellington sin obtener la ruptura decisiva que buscaba el mando imperial.
La simultaneidad de ambas acciones fue crucial: la coordinación francesa resultó imperfecta y algunas tropas se desplazaron entre posiciones sin intervenir con la eficacia esperada. El 17, Wellington retrocedió hacia el norte al conocer el desenlace de Ligny, porque mantenerse en Quatre Bras habría dejado expuesta su posición.
El detalle que Napoleón subestimó fue el movimiento prusiano. En lugar de retirarse lejos hacia el este, Blücher conservó la posibilidad de reunirse con Wellington. El ejército derrotado seguía siendo una fuerza capaz de intervenir en una nueva batalla. Waterloo se decidió también por lo que había ocurrido en las cuarenta y ocho horas anteriores.
El escenario: Mont-Saint-Jean, Hougoumont y La Haye Sainte
El combate recibió el nombre de Waterloo, localidad donde Wellington estableció su cuartel general después de la victoria. La mayor parte de la lucha se desarrolló en torno a la cresta de Mont-Saint-Jean, al sur, cerca de granjas y caminos rurales. No fue una batalla librada en la plaza de un pueblo ni sobre una llanura completamente uniforme.
Wellington desplegó gran parte de sus efectivos detrás de la elevación del terreno. La pendiente ofrecía protección parcial contra la artillería y dificultaba que los franceses apreciaran la disposición completa de las unidades. Tres puntos adelantados eran esenciales: Hougoumont en el oeste, La Haye Sainte cerca del centro y la zona de Papelotte al este.
El control de estas posiciones afectaba a las comunicaciones y a la capacidad de atacar los flancos. En una guerra dominada por mosquetes de corto alcance y cañones que necesitaban líneas de tiro despejadas, una granja cercada por muros podía convertirse en una fortaleza improvisada. El terreno no explicaba toda la victoria, pero condicionaba cada decisión.
Los ejércitos: ¿cuántos soldados participaron?
Las cifras cambian según las fuentes y la forma de contar unidades disponibles o presentes en cada momento. El National Army Museum británico estima para el 18 de junio unos 72.000 franceses con 246 cañones, frente a 68.000 hombres y 156 piezas bajo el mando de Wellington. A estos últimos se sumaron durante la jornada importantes contingentes prusianos, hasta alrededor de 48.000 soldados que intervinieron en el desarrollo de la batalla.
El ejército de Wellington no era exclusivamente británico: incluía soldados del Reino Unido, neerlandeses, belgas, hanoverianos, brunswickeses y tropas de otros estados alemanes. Los prusianos no eran una reserva del duque, sino un ejército aliado independiente mandado por Blücher. La victoria, por tanto, fue una operación multinacional.
El ejército francés reunía veteranos de distintas campañas y oficiales experimentados. Sin embargo, la experiencia no garantizaba la coordinación perfecta. Había que maniobrar mientras la situación cambiaba minuto a minuto y mientras una parte sustancial de las fuerzas francesas perseguía a los prusianos lejos del campo de Waterloo.

La lluvia y el barro: ¿se retrasó Napoleón demasiado?
La noche del 17 al 18 había llovido, dejando el terreno pesado. Esa circunstancia perjudicaba el desplazamiento de cañones, caballos y carros y podía reducir el efecto de ciertas municiones de artillería sobre un suelo blando. Napoleón no lanzó su ataque principal a primera hora de la mañana, algo que suele vincularse al estado del terreno.
Pero convertir la lluvia en la única causa de la derrota es una simplificación. La preparación de un ejército también necesita desplegar piezas, reconocer posiciones y coordinar infantería, caballería y artillería. El comienzo exacto de algunas acciones difiere entre testimonios; el National Army Museum sitúa el ataque sobre Hougoumont alrededor de las 11:30.
El retraso contribuyó a reducir el tiempo disponible antes de que llegaran los prusianos, pero una explicación seria tiene que considerar igualmente el resultado de Ligny, las decisiones de Ney y Wellington, la defensa de las granjas y la incapacidad francesa para frenar el movimiento de Blücher.
11:30: Hougoumont, la batalla dentro de la batalla
El asalto contra la hacienda de Hougoumont debía atraer tropas aliadas y favorecer el ataque principal. Los franceses tomaron posiciones exteriores, pero la defensa de los edificios resultó extraordinariamente tenaz. Los soldados británicos y alemanes sostuvieron puertas, muros y patios mientras el combate continuaba durante horas.
Uno de los episodios más conocidos fue el cierre de la puerta norte cuando un pequeño grupo francés consiguió penetrar en el recinto. La tradición convirtió el gesto de los defensores en un símbolo de resistencia. Sus detalles precisos han sido narrados de distintas maneras, pero el resultado estratégico es claro: los franceses no lograron tomar Hougoumont.
En lugar de resolver rápidamente el objetivo de distracción, el frente occidental absorbió hombres y atención. Hougoumont muestra cómo una posición secundaria en los planes puede adquirir una importancia enorme durante la ejecución real de una batalla.
13:30: el asalto de d’Erlon y la respuesta aliada
El siguiente gran esfuerzo francés fue el ataque de la infantería del primer cuerpo del general Jean-Baptiste Drouet d’Erlon contra el centro-izquierda aliado. Los soldados avanzaron bajo el fuego enemigo hacia las posiciones situadas detrás de la cresta. Algunas unidades aliadas retrocedieron, pero la resistencia de la infantería y los contraataques frenaron el empuje.
La caballería pesada británica lanzó una carga célebre. La llamada Union Brigade, que incluía a los Scots Greys, golpeó a formaciones francesas y capturó estandartes. El éxito inicial se volvió peligroso cuando parte de los jinetes persiguió al enemigo demasiado lejos y quedó expuesta al contraataque de caballería francesa.
Las cargas espectaculares tienen un gran poder visual, pero las victorias de unos minutos podían pagarse con pérdidas que dejaban debilitada a una unidad para el resto de la jornada. La guerra de 1815 estaba llena de esas paradojas tácticas.

La caballería de Ney y los cuadros de infantería
Durante la tarde, Michel Ney dirigió repetidos ataques de caballería francesa contra el centro-derecha aliado. Las unidades de infantería de Wellington formaron cuadros, disposiciones defensivas que presentaban bayonetas hacia todos los lados para resistir a los caballos. La caballería podía rodearlos y causar grandes problemas, pero romper un cuadro disciplinado sin suficiente apoyo de infantería y artillería era difícil.
En el relato popular, Ney aparece unas veces como un héroe casi suicida y otras como el único responsable del fracaso. Ninguna imagen basta. Las órdenes, los informes confusos sobre posibles retiradas enemigas, el agotamiento y la coordinación imperfecta influyeron en el empleo de la caballería.
Los franceses lograron presionar a defensores sometidos a fuego muy intenso, pero no consiguieron convertir esas cargas en un colapso general de la línea. Cada nueva ofensiva consumía hombres y caballos mientras aumentaba el peligro sobre el flanco francés oriental.
El giro estratégico: los prusianos de Blücher aparecen por el este
Mientras Wellington resistía, los contingentes prusianos avanzaban hacia Waterloo. El ejército de Blücher había conseguido reorganizarse después de Ligny y desplazarse en dirección a su aliado. Las primeras unidades fueron apareciendo durante la tarde y comenzaron a presionar el sector oriental francés.
Napoleón tuvo que desviar fuerzas para proteger su flanco y disputar el control de Plancenoit, localidad al este de su centro. Algunas unidades francesas, incluida parte de la Guardia, fueron comprometidas en un combate que no contribuía directamente a romper las líneas de Wellington. Ese desplazamiento de recursos reducía sus opciones de victoria en el frente principal.
La contribución prusiana no se limitó a llegar cuando la batalla estaba resuelta. Al obligar a los franceses a luchar en dos direcciones, alteró el equilibrio de toda la jornada. La coordinación aliada de Wellington y Blücher fue una de las claves del desenlace.
18:00: la caída de La Haye Sainte y la oportunidad francesa
La granja de La Haye Sainte, defendida en gran medida por tropas de la Legión Alemana del Rey, resistió durante horas ataques franceses. La escasez de munición y el desgaste hicieron finalmente imposible mantener la posición, que cayó en manos francesas hacia las seis de la tarde, según la cronología del National Army Museum.
La pérdida fue seria para Wellington. La granja se encontraba cerca del centro aliado y su ocupación permitía dirigir fuego francés hacia zonas vulnerables de la línea. Para algunos historiadores, ese fue uno de los momentos en que Napoleón estuvo más cerca de obtener una ruptura.
Sin embargo, explotar una oportunidad requiere tropas frescas, municiones y órdenes coordinadas. Los franceses estaban combatiendo también contra los prusianos en Plancenoit, y Wellington logró reunir nuevas fuerzas para estabilizar su posición. El tiempo empezaba a trabajar de manera decisiva contra Napoleón.
19:00: la Guardia Imperial sube por última vez la cresta
Napoleón reservó para el final una parte de sus tropas más prestigiosas: la Guardia Imperial. Su avance hacia las posiciones de Wellington tenía también un significado moral. Si lograba romper la línea, podría recuperar la iniciativa; si fracasaba, el efecto sobre la confianza del ejército francés sería devastador.
El ataque fue recibido por descargas de infantería y fuego de unidades aliadas que habían resistido durante todo el día. La Guardia no consiguió imponerse y retrocedió. La noticia de su rechazo se propagó por un ejército ya sometido a presión en varios sectores y contribuyó al desplome del frente francés.
La famosa frase «La Guardia muere, pero no se rinde», atribuida a un jefe francés, pertenece a una tradición discutida; distintas versiones de las palabras del general Cambronne aparecieron después. Es mejor no convertir una cita legendaria en una transcripción segura de lo dicho en el campo de batalla.
El encuentro entre Wellington y Blücher y la retirada francesa
Con la Guardia rechazada y los prusianos presionando desde el este, las fuerzas francesas comenzaron una retirada que acabó convirtiéndose en una desbandada para muchas unidades. Wellington ordenó avanzar a sus soldados y los prusianos continuaron la persecución durante la noche. Napoleón abandonó el campo de batalla sin una fuerza capaz de revertir la derrota.
Las representaciones posteriores de Wellington y Blücher celebrando juntos la victoria simbolizan la cooperación, aunque no sustituyen un registro preciso de sus encuentros y comunicaciones de aquella noche. La batalla se ganó por la acción de varias fuerzas, no por una escena heroica protagonizada por un único hombre.

¿Cuántos murieron en Waterloo?
Las cifras de pérdidas dependen de si se contabilizan muertos, heridos, prisioneros y desaparecidos, y de los periodos incluidos. El National Army Museum resume el resultado en torno a 40.000 bajas francesas y unas 22.000 del ejército aliado bajo Wellington. Los contingentes prusianos sufrieron también importantes pérdidas que deben tenerse en cuenta al evaluar el coste global de la campaña.
No todos los que aparecen como «bajas» murieron. Una cifra combinada de muertos, heridos y prisioneros no puede transformarse directamente en «tantos cadáveres». La mayoría de los combatientes tampoco participó en los mismos lugares ni al mismo tiempo. Las granjas y los caminos fueron escenarios de sufrimiento especialmente intenso.
Tras el combate, atender a los heridos fue una tarea gigantesca. La evacuación, los hospitales de campaña y los entierros se prolongaron mucho después de la victoria. Esta dimensión humana suele desaparecer de los cuadros militares, que presentan el orden de unas formaciones sin reproducir el caos de la atención sanitaria.
El general Álava: una presencia española en la batalla
España no envió a Waterloo un gran ejército nacional comparable al británico o al prusiano, pero hubo una presencia relevante: el general alavés Miguel Ricardo de Álava, colaborador de Wellington durante la Guerra de la Independencia. Participó en la batalla integrado en el entorno del mando aliado.
El Ministerio de Defensa español lo recuerda como el oficial español presente en aquella acción y subraya su relación profesional con el duque. El portal de archivos PARES confirma asimismo su participación en las batallas de Trafalgar y Waterloo, episodio singular en la biografía de un militar europeo.
Álava permite enlazar Waterloo con una historia fundamental para nuestro país: la Guerra de la Independencia española, la experiencia de Wellington en la Península y la batalla de Vitoria de 1813. Puedes leer también la biografía específica del general Álava.
¿Por qué perdió Napoleón? Cinco factores y ningún culpable único
- Su plan dependía de la separación enemiga. La victoria sobre los prusianos en Ligny no impidió que Blücher reorganizara sus fuerzas y acudiera en auxilio de Wellington.
- La posición de Mont-Saint-Jean favoreció la defensa. La cresta y las granjas exigieron repetidos ataques costosos.
- La coordinación francesa fue incompleta. La caballería, la infantería y las reservas no siempre actuaron al mismo ritmo.
- La llegada prusiana cambió el equilibrio. Napoleón tuvo que repartir tropas entre el frente principal y Plancenoit.
- La Guardia Imperial fracasó en el último esfuerzo. Su retirada destruyó la confianza de numerosas unidades francesas.
La lluvia y el barro fueron factores adicionales, pero no sustituyen a estos procesos. Tampoco es justo culpar exclusivamente al mariscal Grouchy, enviado a perseguir a los prusianos: sus órdenes, movimientos y posibilidades reales de intervenir siguen siendo objeto de debate entre especialistas. La campaña se decidió por muchas decisiones acumuladas, algunas tomadas días antes.
Después de Waterloo: abdicación, regreso de los Borbones y Santa Elena
La derrota debilitó inmediatamente el gobierno de Napoleón. El 22 de junio de 1815 abdicó de nuevo. Las fuerzas coaligadas avanzaron hacia París, ocupada en julio; Luis XVIII recuperó el trono. El antiguo emperador intentó buscar una salida, pero terminó en manos británicas y fue enviado a la remota isla atlántica de Santa Elena.
Allí pasó los últimos años de su vida hasta su muerte en 1821. Su exilio le permitió elaborar una versión de su trayectoria que influyó en generaciones posteriores. En Folios de Historias puedes seguir el relato en Napoleón en Santa Elena: los años de Longwood y el final del emperador.
El Congreso de Viena, iniciado antes del regreso de Elba, estableció un nuevo equilibrio entre potencias. Waterloo contribuyó a asegurar ese proceso, aunque el destino europeo no quedó fijado por una única batalla. La futura independencia de Bélgica, por ejemplo, llegaría en 1830, no en junio de 1815.
Waterloo y la memoria: pinturas, monumentos y mitos
La batalla se convirtió pronto en un símbolo político. Para la memoria británica era una victoria de Wellington; en Prusia se destacó la llegada de Blücher; la tradición francesa osciló entre la tragedia patriótica y la crítica a los errores de mando. Los relatos nacionales seleccionaron protagonistas diferentes dentro de un mismo acontecimiento.
La famosa Colina del León fue construida después de la batalla para conmemorar al príncipe de Orange, herido durante el combate. El paisaje visitado hoy no es idéntico al de 1815: las obras conmemorativas, carreteras y cambios agrícolas modificaron sus relieves. Por eso una visita moderna debe combinar la observación del terreno con mapas y testimonios históricos.
También proliferaron historias sobre objetos, recuerdos de guerra y el comercio de restos materiales. El interés de los coleccionistas y las conmemoraciones explica curiosidades como los llamados «dientes de Waterloo», vinculados al mundo de las prótesis dentales. Esa faceta oscura ayuda a recordar que la guerra deja economías y memorias mucho más complejas que el relato de vencedores y vencidos.
Cronología de Waterloo: del 15 al 22 de junio de 1815
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| 15 de junio | Napoleón entra en la zona de operaciones por el río Sambre y trata de separar a sus enemigos. |
| 16 de junio | Victoria francesa sobre los prusianos en Ligny; combate de Quatre Bras contra las fuerzas de Wellington. |
| 17 de junio | Retirada aliada hacia Mont-Saint-Jean; lluvia y reorganización de los ejércitos. |
| 18 de junio, mañana | Comienza el asalto contra Hougoumont, seguido de los ataques de infantería francesa. |
| 18 de junio, tarde | Cargas de caballería, caída de La Haye Sainte e intervención creciente de los prusianos. |
| 18 de junio, anochecer | Fracasa el ataque de la Guardia Imperial y se desmorona la posición francesa. |
| 22 de junio | Napoleón abdica por segunda vez. |
Guía para seguir leyendo: de Waterloo a la Revolución francesa
Este artículo es la puerta de entrada a un recorrido más amplio por la historia de la Europa revolucionaria y napoleónica. Puedes empezar por el origen político, continuar con la expansión militar y terminar con las consecuencias de 1815:
- 1789. Guía completa de la Revolución francesa: causas, etapas, Terror y cambios políticos.
- 1799-1804. El Consulado y el ascenso de Napoleón.
- 1769-1821. Napoleón Bonaparte: biografía, imperio y legado.
- 1808-1814. La Guerra de la Independencia española.
- 1813. La batalla de Vitoria y el derrumbe francés en España.
- 1815. Miguel Ricardo de Álava en Waterloo.
- 1815-1821. Santa Elena y el último exilio de Napoleón.
Preguntas frecuentes sobre la batalla de Waterloo
¿Cuándo se libró Waterloo?
El 18 de junio de 1815, durante los Cien Días, cerca de Mont-Saint-Jean, al sur de Bruselas, en lo que hoy es Bélgica.
¿Quién ganó la batalla?
La coalición encabezada por Wellington y Blücher. La participación de los prusianos fue esencial para la derrota francesa.
¿Fue la última batalla de Napoleón?
Fue su última gran batalla como comandante de un ejército. Después abdicó de nuevo y terminó exiliado en Santa Elena.
¿La ganó solo Wellington?
No. Su fuerza incluía contingentes de varias naciones y el ejército prusiano de Blücher intervino de manera decisiva.
¿Qué papel tuvo la lluvia?
El barro afectó al movimiento y al uso de la artillería, pero no explica por sí solo la derrota francesa.
¿Hubo españoles en Waterloo?
Sí. El general Miguel Ricardo de Álava estuvo vinculado al cuartel general de Wellington. España no desplegó allí un gran ejército propio.
Fuentes históricas y bibliografía
- National Army Museum: «Battle of Waterloo», síntesis institucional de la campaña, las fuerzas y el desenlace.
- Fondation Napoléon: «Blücher and the Prussians at Waterloo», cronología del papel del ejército prusiano.
- Comité Royal de Waterloo: cronología de los combates.
- Ejército de Tierra español: investigación sobre Miguel Ricardo de Álava y Wellington.
- PARES, Archivos Españoles: ficha de autoridad de Miguel Ricardo de Álava.
- Miguel Ricardo de Álava, carta sobre Waterloo publicada en la Gaceta de Madrid de julio de 1815, fuente primaria en reproducción.
Nota editorial: las pinturas incluidas son obras históricas de dominio público realizadas en 1815 o décadas después. Su valor es documental e iconográfico; no son fotografías del combate. Las cifras militares y los horarios son aproximados y pueden variar según el criterio de los historiadores y las fuentes conservadas.





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