En un pequeño escarabeo conservado en el British Museum hay una petición dirigida al corazón. El amuleto, asociado al rey Sobekemsaf, lleva un texto de la fórmula 30B: debía impedir que el corazón se opusiera al difunto. 1
La idea es sorprendente. Antes del juicio, el fallecido necesitaba contar con su propio corazón. El órgano podía actuar como testigo de la vida y debía permanecer del lado de quien aspiraba a continuar existiendo.
Ese objeto permite entrar en la religión funeraria egipcia sin convertirla en una colección de maldiciones. Habla de memoria, identidad, responsabilidad y protección. También de materiales, artesanos y personas que debían preparar un enterramiento.
La eternidad tenía una dimensión ritual y una dimensión práctica. Hacían falta palabras adecuadas, pero también manos capaces de escribirlas y objetos donde pudieran conservarse.

El título que puede llevarnos a una idea equivocada
Llamamos Libro de los Muertos a un conjunto de fórmulas funerarias que los egipcios asociaban con la salida al día. El título moderno no debe hacernos imaginar un volumen único, escrito por un autor y copiado siempre de la misma manera.
Los ejemplares conservados presentan selecciones, extensiones, imágenes y órdenes distintos. Una persona podía disponer de un rollo largo y cuidadosamente ilustrado; otra, de una selección más breve o de fórmulas inscritas sobre otros soportes. 2
La numeración de los capítulos es una herramienta moderna de estudio. Resulta útil para identificar una fórmula, pero no demuestra que cada enterramiento incluyera un libro idéntico de doscientos capítulos.
Tampoco era un tratado que expusiera todas las creencias egipcias de principio a fin. Sus textos debían ayudar al difunto en situaciones determinadas: proteger partes de su persona, superar peligros, conocer seres y lugares o asegurar formas de existencia.
La diversidad no constituye un problema que deba corregirse para obtener el «verdadero» libro. Es una parte de su historia. Preguntar qué eligió un ejemplar, qué omitió y cómo organizó sus imágenes puede revelar información sobre su producción y su uso.

Textos que viajaron entre épocas y soportes
El Libro de los Muertos se relaciona con tradiciones anteriores. Los llamados Textos de las Pirámides se conservaron en cámaras de monumentos del final del Reino Antiguo. Los Textos de los Ataúdes tuvieron una importante presencia en los enterramientos del Reino Medio.
Durante el Reino Nuevo, las fórmulas que agrupamos bajo el nombre de Libro de los Muertos adquirieron nuevas formas de circulación. Podían aparecer en papiros, vendas, sudarios y otros espacios funerarios. 3
Esta secuencia no describe tres cajas completamente cerradas. Hubo continuidad, adaptación y combinación de materiales. Un ejemplo especialmente útil es la cámara funeraria de Sobekmose, cuyos textos incluyen fórmulas del Libro de los Muertos y un pasaje perteneciente a los Textos de las Pirámides. 4
El ejemplo impide hablar como si cada colección eliminara de golpe todo lo anterior. Los productores de textos funerarios podían recuperar fórmulas antiguas y utilizarlas dentro de nuevos conjuntos.
El pasado tenía autoridad. Repetir una tradición no significaba necesariamente copiarla sin cambios; podía ser una manera de situar una nueva preparación funeraria dentro de un conocimiento prestigioso.


El difunto debía conservar algo más que un cuerpo
Nuestra palabra «alma» no reproduce sin dificultades las ideas egipcias sobre la persona. Los textos distinguen conceptos como el ka, el ba y el akh, además de conceder importancia al nombre, la sombra y el cuerpo.
El ka aparece relacionado con aspectos de la vitalidad y con las ofrendas. El ba, representado frecuentemente como un ave de cabeza humana, permite expresar formas de movilidad del difunto. El akh se vincula con una condición eficaz o transformada alcanzada mediante los procedimientos adecuados. 5
Las definiciones breves sirven para orientarse; no deben convertir una religión larga y cambiante en un organigrama universal de piezas independientes.
Conservar la identidad requería relaciones: entre cuerpo e imagen, entre nombre y memoria, entre ofrendas y existencia. La protección funeraria podía actuar sobre distintos aspectos de esa continuidad.
Una estatua, una inscripción o un texto no eran simples recordatorios sentimentales equivalentes a los nuestros. Dentro de su contexto religioso podían contribuir a mantener la presencia del difunto.
Esta concepción ayuda a entender por qué los egipcios cuidaron tanto los nombres. La memoria escrita no era únicamente una información destinada a los futuros arqueólogos. Formaba parte de lo que debía seguir funcionando.

El corazón ante la balanza
La escena del pesaje del corazón es una de las más conocidas del arte egipcio. En ella intervienen divinidades vinculadas al juicio y al registro, y el corazón se compara con una referencia a Maat, el orden adecuado, frecuentemente representada por una pluma.
La fórmula 125 se relaciona con ese juicio y con las declaraciones de inocencia del difunto. El texto enumera acciones que niega haber cometido. La escena visual y las palabras presentan una aspiración a ser reconocido como justificado. 6
No conviene reducir el conjunto a una versión egipcia de un tribunal moderno. Los jueces, el lenguaje y las consecuencias pertenecen a un marco religioso específico.
Tampoco es necesario trasladar automáticamente categorías como «cielo» e «infierno» con todos los significados que poseen en otras tradiciones. El estudio puede reconocer semejanzas generales sin borrar diferencias.
El corazón tenía un lugar central porque la vida anterior importaba. La preparación funeraria no consistía únicamente en llevar objetos valiosos: se relacionaba con una evaluación de la persona y con el conocimiento necesario para afrontarla.
La presencia del escarabeo de corazón muestra que también se buscaba una protección ritual. El juicio, la fórmula y el amuleto forman parte de un mismo horizonte de preocupaciones, aunque cada pieza deba interpretarse por separado.

Cuando el escriba se equivocaba ante los dioses
El Libro de los Muertos de Ramose, conservado en el Fitzwilliam Museum, aporta un detalle poco solemne. En la sección de las declaraciones negativas, algunas afirmaciones no quedaron asociadas a las divinidades que les corresponderían habitualmente.
El análisis del museo propone que el escriba escribió primero determinadas partes y luego completó otras, omitiendo en ocasiones una declaración y corrigiendo el desajuste. 6
La pieza permite ver un trabajo en proceso detrás de un texto destinado a la eternidad. Había tinta, columnas, secuencias y personas capaces de cometer errores.
Eso no demuestra que los egipcios considerasen irrelevante la exactitud. Precisamente el intento de corregir revela una atención al orden esperado.
La eternidad no se preparaba fuera del mundo del trabajo. Se escribía dentro de él.

La momificación no fue una receta invariable
La conservación del cuerpo ocupó un lugar importante en muchas prácticas funerarias, pero los procedimientos cambiaron según época, recursos y decisiones concretas.
Describir una secuencia conocida como si todos los cuerpos egipcios hubieran pasado por exactamente las mismas operaciones produce una falsa uniformidad. El examen de momias muestra variaciones en la extracción de órganos, los materiales y el tratamiento de determinadas partes.
Una investigación publicada en 2024 sobre momias infantiles documentó esa diversidad mediante análisis radiológicos. Sus resultados corresponden a una muestra concreta; no pueden utilizarse para atribuir el mismo procedimiento a toda la población antigua. 7
La distinción resulta especialmente importante cuando se habla del cerebro o del corazón. Las fórmulas divulgativas absolutas —«siempre se extraía» o «nunca se tocaba»— pueden ocultar prácticas diferentes.
La religión proporcionaba objetivos y modelos. La realidad material incluía cambios, adaptación y acceso desigual a especialistas y productos.
La imagen de una técnica secreta ejecutada de manera idéntica durante milenios es menos convincente que la de un conocimiento artesanal complejo, transmitido y modificado a lo largo del tiempo.
Un taller de Saqqara donde los recipientes tenían instrucciones
En 2023 se publicó un estudio de residuos procedentes de recipientes de un taller de embalsamamiento de Saqqara, fechado en la XXVI dinastía. El hallazgo permitía relacionar contenidos materiales con etiquetas escritas sobre su uso.
El equipo de Maxime Rageot y sus colaboradores combinó análisis orgánicos, arqueología y estudio de textos. Algunos recipientes indicaban la parte del cuerpo o la operación a la que se destinaba una preparación. 8
No era simplemente una colección de sustancias misteriosas. Había mezclas, instrucciones y un espacio de trabajo. La conexión entre etiqueta y residuo permite comprender mejor qué significaban ciertos nombres de productos dentro de ese taller.
La investigación también muestra que una práctica religiosa tenía dimensiones económicas y geográficas. Conseguir ingredientes exigía redes de suministro. Preparar un cuerpo implicaba transformar materias mediante conocimientos concretos.
El estudio no ofrece la receta de todas las momias de Egipto. Está vinculado a un lugar y un periodo. Su importancia aumenta cuando respetamos ese contexto, porque permite observar de cerca un oficio sin convertirlo en una explicación universal.

Ofrendas que debían seguir llegando
El enterramiento no agotaba la relación entre vivos y muertos. En las concepciones funerarias, las ofrendas y los ritos contribuían a sostener la existencia del difunto.
Los alimentos representados o nombrados podían incorporarse a fórmulas destinadas a asegurar provisiones. El texto, la imagen y la acción ritual se reforzaban entre sí.
Esta preocupación no surgió porque los egipcios desconocieran la muerte física. Expresaba otra manera de concebir sus consecuencias y de organizar la continuidad de una persona.
Las preparaciones también creaban responsabilidades entre quienes quedaban vivos. Alguien tenía que efectuar ritos, mantener una memoria o administrar recursos destinados al culto.
La permanencia podía resultar frágil. Las familias cambiaban, las instituciones atravesaban dificultades y los monumentos podían dañarse o reutilizarse. La aspiración a durar no garantizaba que todas las condiciones materiales se mantuvieran.
Ahí se encuentra una tensión fundamental de los enterramientos: se preparaban para la eternidad mediante objetos, edificios y relaciones expuestos al tiempo.
Trabajar después de la muerte y tener quien respondiera
Los ushebtis o shabtis son pequeñas figuras funerarias que debían responder cuando el difunto fuese llamado a realizar determinadas labores en el más allá. Algunos llevan herramientas e inscripciones relacionadas con esa función.
El Walters Art Museum explica ese cometido en sus fichas de figuras concretas. La imagen de trabajo agrícola se incorporaba a una existencia que no consistía simplemente en descanso ilimitado. 9
Estas piezas resultan atractivas porque combinan una idea religiosa con una preocupación reconocible: la posibilidad de recibir una obligación y disponer de un sustituto.
También variaban en cantidad, calidad y organización. Una colección numerosa de figuras no representa necesariamente el equipamiento de cualquier persona enterrada en Egipto.
Como sucede con los papiros, los grandes conjuntos conservados pueden distorsionar nuestra percepción. Lo excepcional es muy visible; lo modesto necesita una atención deliberada.

¿Todo el mundo podía pagarse la misma eternidad?
Los enterramientos y objetos conservados muestran diferencias materiales importantes. El deseo de continuar existiendo no se traducía siempre en una tumba monumental, un rollo extenso y un ajuar abundante.
Los cementerios de poblaciones como Amarna permiten observar prácticas alejadas de la riqueza real. Muchos materiales funerarios eran modestos y dependían de recursos que no podían distribuirse de forma idéntica. 10
Esto aconseja utilizar con cautela la expresión «democratización del más allá». La extensión de ciertos textos o prácticas más allá del rey no significa que desaparecieran las desigualdades.
Podía ampliarse el acceso a una forma religiosa y mantenerse una diferencia enorme en calidad de objetos, preparación del cuerpo o capacidad para sostener un culto.
La historia de la muerte también es una historia social. Preguntar quién podía encargar un papiro o adquirir determinadas piezas ayuda a recuperar a las personas que la imagen de las grandes tumbas deja fuera.
El Libro de los Muertos se entiende mejor cuando lo situamos junto a los talleres que lo producían y los enterramientos que podían o no incorporarlo.

Las doce horas pertenecen a otro recorrido
El Amduat describe el viaje nocturno del dios solar a través de doce horas. Es una composición distinta del Libro de los Muertos, aunque ambas pertenezcan al amplio mundo de las creencias funerarias.
Otras obras, como el Libro de las Puertas, desarrollan sus propios recorridos y representaciones. Las paredes de una tumba real pueden reunir materiales de tradiciones diferentes. 3, 11
Confundir todas las imágenes del más allá con un solo «libro» dificulta leer los monumentos. La numeración de fórmulas del Libro de los Muertos y las doce horas del Amduat responden a organizaciones distintas.
| Conjunto | Rasgo que ayuda a distinguirlo |
|---|---|
| Textos de las Pirámides | Fórmulas documentadas en monumentos del final del Reino Antiguo. |
| Textos de los Ataúdes | Tradición especialmente asociada a ataúdes del Reino Medio. |
| Libro de los Muertos | Selecciones de fórmulas e imágenes para favorecer la existencia funeraria. |
| Amduat | Viaje nocturno del dios solar organizado en doce horas. |
Cronología para situarse
| Periodo | Hito |
|---|---|
| Finales del Reino Antiguo | Conservación de Textos de las Pirámides en cámaras reales. |
| Reino Medio | Importante desarrollo de los Textos de los Ataúdes. |
| Reino Nuevo | Circulación de fórmulas que agrupamos como Libro de los Muertos. |
| Reino Nuevo y épocas posteriores | Producción de numerosos ejemplares con selecciones y presentaciones distintas. |
| XXVI dinastía | Funcionamiento del taller de embalsamamiento de Saqqara estudiado mediante residuos. |
| 2023 | Publicación de la investigación que relaciona recipientes, etiquetas y preparaciones del taller. |
Preguntas frecuentes
¿El Libro de los Muertos tenía siempre doscientos capítulos?
No. La cifra aproxima el corpus identificado por los investigadores. Los ejemplares conservados contienen selecciones diferentes.
¿Es lo mismo que el Amduat?
No. El Amduat se organiza alrededor de las doce horas del viaje nocturno del dios solar. El Libro de los Muertos reúne fórmulas de otra tradición.
¿Los egipcios creían únicamente en el ka y el ba?
Sus concepciones de la persona incluían varios conceptos. Ka y ba son importantes, pero no agotan todo el vocabulario de identidad y existencia.
¿Todas las momias se preparaban de la misma manera?
No. Hubo diferencias de época, recursos y tratamiento. Los análisis de cuerpos concretos deben interpretarse dentro de esas variaciones.
¿Los textos eran suficientes por sí solos?
Formaban parte de un conjunto de prácticas, imágenes, objetos y ritos. Su presencia no debe aislarse de la preparación material del enterramiento.
La eternidad tenía letra y tenía manos
La balanza y las divinidades ofrecen las imágenes más célebres. Un error de copia, una etiqueta en un recipiente o una figura con herramientas permiten conocer otra parte de la historia.
Detrás de cada preparación funeraria hubo decisiones. Alguien eligió fórmulas, consiguió materiales y organizó un trabajo destinado a durar más que su propia vida.
El Libro de los Muertos resulta especialmente interesante cuando deja de ser un título oscuro y vuelve a ser lo que muestran sus ejemplares: palabras y objetos preparados por personas que intentaban dar continuidad a una existencia.
Fuentes y lecturas
[1] British Museum. Heart-scarab, EA7876. Escarabeo asociado a Sobekemsaf e inscripción de la fórmula 30B.
[2] John H. Taylor, British Museum. What is a Book of the Dead?.
[3] Fitzwilliam Museum, University of Cambridge. Egyptian funerary literature.
[4] Metropolitan Museum of Art. Burial chamber of Sobekmose.
[5] Fitzwilliam Museum. The soul in ancient Egypt.
[6] Fitzwilliam Museum. Spell 125: Osiris and the judgement of the dead.
[7] The multifaceted nature of Egyptian mummification: Paleoradiological insights into child mummies, 2024. Se utiliza la información indexada sobre variabilidad de la muestra estudiada.
[8] Maxime Rageot y colaboradores. Biomolecular analyses enable new insights into ancient Egyptian embalming. Nature, 614, 2023, pp. 287–293. DOI: 10.1038/s41586-022-05663-4.
[9] Walters Art Museum. Ushabti of Ah-mose.
[10] Amarna Project. South Tombs Cemetery.
[11] Australian Museum. Funerary texts in ancient Egypt. Distinción entre las principales tradiciones de textos funerarios.





Deja una respuesta