Cuaderno histórico · Cartografía y fronteras
12 de noviembre de 1742. Un mapa reúne montañas, caminos, poblaciones y campamentos en el borde de Francia y Saboya. Su título promete mostrar dónde están las fuerzas de Su Majestad Católica y las de sus enemigos. No pretende contar una guerra entera. Quiere hacer comprensible un momento: la disposición de unos ejércitos en un territorio donde avanzar significa encontrar paso, proteger las comunicaciones y conservar una salida.
Ese instante sigue ahí, dibujado a tinta y coloreado a mano. Chambéry, Montmélian y el fuerte de Barraux forman el escenario de una historia que enlaza las ambiciones de los Borbones españoles con las disputas por la herencia de los Habsburgo. Pero el documento también permite una lectura más cercana: la del valle, sus obstáculos y las poblaciones que quedaron entre los proyectos de las cortes europeas.
Vamos a recorrer el mapa militar de Barraux de 1742 como quien abre un cuaderno de campaña, sin confundir lo que el papel muestra con lo que debemos reconstruir mediante otras fuentes. Al final encontrarás el mapa completo, conservado sin recortar y disponible para ampliarlo hasta la resolución del archivo original.

1. Una frontera que ya no vemos en el mapa de Francia
Hoy podemos buscar Barraux, Chambéry y Montmélian dentro de un mismo país. En 1742, ese gesto borraría precisamente lo que hacía importante al lugar. Barraux se encontraba en el lado francés, en el Delfinado; Saboya pertenecía a los dominios de la Casa de Saboya, cuyo soberano Carlos Manuel III era rey de Cerdeña. La denominación del reino no significa que su política continental se decidiera únicamente desde la isla: los territorios saboyanos y piamonteses eran esenciales para su poder.
Entre ambos espacios, los Alpes no formaban una pared uniforme. Existían valles, corredores y accesos de valor desigual. La circulación encontraba facilidades en unos lugares y dificultades en otros; por eso una frontera de montaña necesitaba algo más que una línea sobre el papel. Importaban las fortalezas, los pasos utilizables, los caminos que admitían transporte pesado y los lugares donde era posible reunir recursos.
La posición de Barraux se entiende dentro de esa geografía de comunicaciones. El fuerte vigilaba el corredor del Grésivaudan, junto al valle del Isère. No era una construcción aislada frente a un paisaje vacío. Formaba parte de una relación entre alturas, poblaciones y rutas, y de una historia de rivalidad que había comenzado mucho antes de la campaña española.
Conviene, por tanto, dejar en suspenso nuestras fronteras actuales. La incorporación de Saboya a Francia en 1860 pertenece a otro siglo y a otro proceso político. El mapa de 1742 conserva una separación que el viajero contemporáneo puede atravesar sin advertirla. Reconocerla transforma la lectura: lo que parecía un paisaje regional se convierte en un espacio internacional.
2. Barraux: la fortaleza que cambió de dueño
La historia del fuerte empieza con una provocación estratégica. En 1597, el duque Carlos Manuel I de Saboya ordenó levantar una fortificación, inicialmente conocida como Saint-Barthélemy, en territorio francés. El proyecto estuvo asociado al ingeniero italiano Ercole Negro. El 15 de marzo de 1598, Lesdiguières tomó la posición para Francia. En apenas unos meses, la obra concebida desde Saboya pasó a servir a su rival.
La secuencia resume una característica de las fortificaciones fronterizas: un mismo recinto puede cambiar de significado sin cambiar de lugar. El terreno mantiene su valor; lo que se invierte es la dirección de la amenaza y la autoridad que pretende controlarla. Un fuerte resulta útil precisamente porque responde a condiciones que no desaparecen con una sustitución de banderas.
Para comprender su forma hay que pensar en la artillería. La fortaleza abaluartada busca reducir puntos vulnerables y permitir que sus defensas se apoyen mediante el fuego. Los salientes, los ángulos y las obras exteriores responden a problemas concretos: acercarse protegido, impedir que un atacante se resguarde junto al muro, dificultar el asalto y obligar a invertir tiempo en preparar una operación.
Eso no convierte una fortaleza en un objeto invencible. Su eficacia depende de la guarnición, del abastecimiento, del estado de conservación y del conjunto de la campaña. Tampoco basta ver su planta para reconstruir un combate. En nuestro mapa, Barraux debe leerse como un elemento de una situación territorial más amplia. Su fama puede atraer la mirada, pero las relaciones entre el fuerte y su entorno son tan importantes como el recinto mismo.
3. La huella de Vauban y las capas de una fortaleza
El nombre de Vauban aparece inevitablemente al hablar de las defensas de la Francia de Luis XIV. Visitó Barraux en 1692 y planteó mejoras. No fue el creador de la fortaleza de 1597, ni debemos atribuirle automáticamente todas sus construcciones. Entre la primera obra y la imagen que hoy conocemos se acumularon proyectos, reparaciones y cambios de uso.
Una fortaleza se parece, en este sentido, a una ciudad: rara vez pertenece por completo a una sola fecha. Las soluciones defensivas se revisaban y las necesidades interiores exigían edificios para alojar personas, conservar materiales y organizar servicios. La historia del recinto incluye también una capilla de 1724, vinculada a una donación de Luis XV. La vida militar dejaba espacio para funciones religiosas y administrativas que no siempre protagonizan las explicaciones sobre baluartes.
Los inventarios de los Archivos de Isère conservan documentación sobre las fortificaciones de Barraux entre 1704 y 1742: planos, presupuestos y contratos. Es una buena corrección a la imagen de la arquitectura militar como una decisión genial ejecutada de una vez. Existían cálculos, trámites y trabajos concretos. La defensa necesitaba mantenimiento y dinero, además de diseño.
Al mirar un documento de 1742 debemos preguntarnos qué fase representa y qué propósito tiene. Un mapa del territorio y de los campamentos no equivale a un levantamiento completo del interior del fuerte. Puede situarlo con claridad y, al mismo tiempo, simplificar su arquitectura. Cada documento selecciona una escala y una pregunta. Pedirle respuestas que no estaba concebido para ofrecer produce certezas aparentes.
4. Una herencia austríaca y una ambición española
La guerra que explica la presencia española en Saboya comenzó lejos de Barraux. La muerte del emperador Carlos VI en 1740 abrió una disputa por la sucesión de sus dominios, heredados por María Teresa. Las rivalidades europeas hicieron de esa crisis una guerra extensa. La intervención prusiana en Silesia fue uno de sus episodios decisivos, pero el conflicto tuvo varios escenarios y objetivos que no siempre coincidían.
Para la monarquía española, Italia seguía siendo una cuestión dinástica y estratégica. La corte de Felipe V e Isabel de Farnesio aspiraba a proporcionar posiciones italianas a sus hijos. En ese contexto debe situarse al infante Felipe de Borbón, nacido en 1720, que encabezó la expedición española relacionada con esta campaña. No era el rey de España. Tampoco conviene presentarlo en noviembre de 1742 con el título que resume el resultado posterior de su trayectoria: el reconocimiento de sus dominios de Parma, Piacenza y Guastalla llegó en 1748.
El recorrido entre esa ambición y su eventual desenlace estaba lleno de obstáculos. Sobre la mesa diplomática podían repartirse territorios; en el terreno había que mover fuerzas, atravesar fronteras y enfrentarse a otros soberanos. Carlos Manuel III de Cerdeña estaba aliado con María Teresa. Saboya se convirtió así en un escenario donde se cruzaban proyectos españoles y la defensa de la monarquía sarda.
Esta doble escala da profundidad al mapa. Los campamentos pertenecen a una operación concreta, pero detrás de ellos existen genealogías, matrimonios, alianzas y expectativas territoriales. La cartografía no sustituye esa explicación política: la vuelve material. Muestra el lugar donde una pretensión dinástica debía resolver problemas de distancia, relieve y oposición militar.
5. El 12 de noviembre de 1742: detener el tiempo
La fecha del título importa tanto como los nombres geográficos. El mapa ofrece una situación del 12 de noviembre de 1742. No es un resumen de todas las operaciones de aquel año ni una ilustración retrospectiva de la paz. Si lo convertimos en un relato continuo, haremos que sus signos cuenten acontecimientos que todavía no habían sucedido.
Los archivos de Saboya sitúan una entrada española en septiembre de 1742 y una aproximación a Montmélian que no culminó entonces en la toma de su fortaleza. Señalan también la instalación de fuerzas bajo la protección de Barraux. Las operaciones se reanudaron en diciembre. Ese contexto permite comprender el interés de disponer de un documento sobre posiciones y accesos durante el intervalo de noviembre.
El cuidado con las fechas evita otra tentación: inventar una «batalla de Barraux del 12 de noviembre» a partir de la existencia del plano. Que un mapa lleve una fecha militar no demuestra que ese día se produjera una batalla junto al fuerte. Puede fijar una disposición, un reconocimiento o una información útil para decidir. Aquí, su propio título habla del conocimiento de los campos.
En cambio, resulta legítimo observar el tipo de preguntas que esa situación plantea. ¿Cómo se relacionan las posiciones con los caminos? ¿Qué obstáculos separan unos lugares de otros? ¿Dónde aparecen poblaciones y comunicaciones? Son preguntas de lectura, no órdenes de operaciones recuperadas. El mapa nos aproxima a un problema del mando sin entregarnos las deliberaciones de quienes lo utilizaron.
La diferencia puede parecer pequeña, pero sostiene toda la investigación. Una fuente se vuelve más interesante cuando aceptamos sus límites. Su silencio sobre una decisión no borra su valor; nos indica qué otros documentos necesitamos buscar.
6. Quillacq, Roncal y un mapa hecho a mano
La Biblioteca Nacional de España conserva el documento con la signatura MR/43/275. Su catálogo lo relaciona con Pedro Quillacq y Fausto Roncal, y registra una pieza manuscrita de 1742, de 48,2 × 82 centímetros. El título incluye la firma latina «Petrus Quillacq me Delineavit». La atribución catalográfica permite identificar a los responsables vinculados a la obra; no autoriza por sí sola a reconstruir con exactitud cómo se repartieron el reconocimiento, el dibujo y la información.
Roncal figura en el repertorio de cartógrafos del Instituto Geográfico Nacional como ingeniero militar. Ese marco profesional ayuda a entender la unión entre conocimientos del terreno, representación y servicio al poder. Pero no hace falta adornar las biografías con episodios desconocidos para apreciar la destreza del documento. Lo que está delante de nosotros ya exige un trabajo especializado.
El catálogo describe tinta negra y roja, con aguadas grises, ocres y carmín. El color organiza la información y permite distinguir elementos sobre un fondo de relieve. La cartela reserva un espacio para el título, las explicaciones y la escala. Dibujar, rotular y distribuir esos componentes convierte un territorio complejo en una superficie que puede consultarse.
La ficha menciona además otras piezas relacionadas de la colección, con signaturas MR/43/267, 268, 274, 277, 282 y 295. Es una invitación a comparar. Un documento gana significado cuando vemos qué otros problemas fueron representados a su alrededor. No obstante, las dimensiones, la escala o la descripción de un mapa vecino no deben trasladarse automáticamente a este. Identificar bien el ejemplar evita mezclar obras que comparten escenario y fecha.
Ficha del mapa de Barraux de 1742
| Dato | Información comprobada |
|---|---|
| Título histórico | Mapa de los límites de Francia y Saboya, de la parte del Fuerte de Barraux para conocimiento del Campo de S.M.C. y del de los Enemigos en 12 de Nobbre. de 1742. |
| Autoría catalogada | Pedro Quillacq y Fausto Roncal. En el título: Petrus Quillacq me Delineavit. |
| Conservación | Biblioteca Nacional de España, MR/43/275; identificador digital bdh0000068008. |
| Soporte y técnica | Mapa manuscrito sobre papel; tinta negra y roja y aguadas grises, ocres y carmín. |
| Tamaño y escala | 48,2 × 82 cm. Escala estimada de aproximadamente 1:23.000. El catálogo registra una escala gráfica de 1000 Tus. equivalente a 8,3 cm. |
| Archivo digital aquí disponible | 7.000 × 4.153 píxeles, mapa completo. Puede ampliarse al pulsar y abrirse en su archivo original. |
Qué no debemos deducir: el número exacto de soldados a partir del tamaño de los símbolos; altitudes precisas a partir de las sombras; una batalla ocurrida el día de la fecha solamente porque exista este mapa.
7. Leer las montañas sin convertirlas en curvas modernas
El relieve es uno de los elementos más expresivos del mapa. Las laderas oscuras, las manchas y el modelado del dibujo comunican una presencia montañosa que no necesita fotografías. Esa fuerza visual puede engañarnos si confundimos representación convincente con medición moderna. Aquí no debemos dar por supuesto un sistema de curvas de nivel numeradas y equidistantes.
En la cartografía topográfica actual, una curva de nivel enlaza puntos de igual altitud. Su interpretación depende de una equidistancia conocida y permite razonar sobre pendientes de manera cuantitativa. Las formas y sombreados de un manuscrito histórico pueden ofrecer otra clase de información: la disposición general del relieve y su importancia para comprender el espacio. No se pueden obtener cotas precisas de una sombra.
Eso no reduce el interés militar de la representación. Las alturas condicionan la observación y la circulación; los fondos de valle concentran posibilidades de tránsito; el agua crea conexiones y obstáculos. Son relaciones generales que ayudan a leer la escena. Afirmar el alcance exacto de una batería o la visibilidad desde un punto exigiría datos adicionales y una comprobación del terreno.
Antes de seguir un camino, conviene atender también a la orientación del conjunto. No impongamos de manera automática el norte en la parte superior. Los mapas históricos pueden disponer el territorio para ajustarlo al formato o facilitar su lectura. Reconocer lugares y cursos de agua resulta más seguro que convertir inmediatamente la izquierda de la imagen en el oeste.
La mejor ampliación no es la que nos permite inventar más detalles, sino la que nos enseña a distinguir mejor los trazos que existen. Observar despacio vale más que rellenar las lagunas con nuestras expectativas.
8. Ríos, caminos y campamentos: la lógica del movimiento
Una lectura militar del mapa puede empezar por el río y continuar por las conexiones entre las poblaciones. El Isère ofrece una referencia reconocible dentro del paisaje representado. Al seguirlo, la mirada deja de saltar entre nombres aislados y comienza a percibir un territorio articulado. Las montañas ya no son un fondo decorativo: delimitan los espacios por los que resulta imaginable circular.
El paso siguiente consiste en consultar la explicación de los signos. Una forma geométrica no debe interpretarse por parecido con un símbolo que conocemos de otro mapa. La leyenda pertenece a este documento y ofrece su propio vocabulario. La lectura exige contrastar las marcas con la cartela, ampliar los rótulos y aceptar que algunas letras pueden resultar difíciles de distinguir.
Después llega la distancia. La escala estimada del catálogo, aproximadamente 1:23.000, equivale a unos 230 metros de terreno por centímetro sobre el documento a su tamaño de referencia. Esa equivalencia no vale para un centímetro medido en cualquier pantalla: al aumentar o reducir la imagen, cambia su tamaño visible. La escala gráfica dibujada conserva la proporción al redimensionar el conjunto.
Tampoco una distancia cartográfica es un tiempo de marcha. La pendiente, las condiciones del camino, la carga y la organización de una columna pueden alterar profundamente un desplazamiento. El mapa permite establecer relaciones espaciales; convertirlas en horas exactas requiere más información. Lo mismo ocurre con los campamentos: sus dibujos no proporcionan automáticamente un recuento verificable de soldados.
Lo apasionante es esa combinación de claridad y resistencia. El documento ordena el paisaje, pero el paisaje sigue siendo difícil. Podemos comprender por qué un corredor importa sin afirmar que sabemos cuánto tardó cada unidad en recorrerlo.
9. Lo que no cabe en una posición dibujada
En el mapa, una población puede ocupar muy poco espacio. Para quienes vivían allí, en cambio, era un mundo de casas, campos, animales, obligaciones y relaciones. La campaña no pasaba por un tablero vacío. Bajo los signos que facilitan la lectura militar existían comunidades expuestas a las decisiones de los ejércitos.
Un testimonio conservado por los archivos de Saboya permite cambiar de escala. El relato del párroco Dumollard sobre Apremont describe los combates de diciembre de 1742, el saqueo y el incendio de la iglesia el 26 de diciembre. Incluye pérdidas de bienes y violencia contra la población. Es una voz situada, que debe leerse críticamente, pero devuelve al territorio una dimensión que la distribución de campamentos no puede transmitir.
La logística también unía la campaña con la sociedad. Alimentar personas y animales, conservar equipos y transportar materiales son necesidades generales de cualquier ejército de la época. El mapa ayuda a pensar dónde podían aparecer dificultades; no demuestra por sí solo quién entregó víveres, cuánto se requisó o qué localidad soportó cada carga. Para responder hacen falta cuentas, correspondencia, expedientes y testimonios.
Por eso merece la pena leer el documento junto a los archivos, no contra ellos. Los planos y contratos de fortificación conservados en Isère muestran una cara administrativa; el testimonio de Apremont, una experiencia civil. Ninguna fuente agota la historia. Juntas permiten pasar de la geometría del mando a las consecuencias de la guerra.
Mirar así el mapa no le quita belleza. Le devuelve peso. La precisión de una línea y la delicadeza de una aguada convivían con incertidumbre, gastos y sufrimiento. El documento es una obra de conocimiento y, al mismo tiempo, una herramienta producida dentro de un conflicto.
10. Del secreto práctico al patrimonio compartido
La paz de Aquisgrán de 1748 cerró la guerra de Sucesión Austriaca y dio un nuevo marco al reparto territorial europeo. El infante Felipe obtuvo los ducados italianos que marcarían su trayectoria. El mapa de noviembre de 1742 no anunciaba necesariamente ese resultado: conserva un momento en el que el desenlace estaba abierto.
La frontera siguió requiriendo conocimiento militar. El Service historique de la Défense francés conserva un conjunto sobre los Alpes entre 1741 y 1755, con memorias sobre Saboya y Piamonte y un estudio de 1752 sobre un campo atrincherado de Barraux. Esa continuidad documental recuerda que los problemas de defensa no desaparecen al terminar una campaña. Se estudian de nuevo, se comparan y se adaptan.
El fuerte tuvo usos y transformaciones posteriores. Su protección francesa como monumento histórico se formalizó el 23 de agosto de 1990. Hoy puede estudiarse como arquitectura, mientras que mapas y modelos conservan distintas formas de entender su territorio. El Musée dauphinois ha mostrado el valor de los planos en relieve: representar una posición en tres dimensiones respondía a otras posibilidades de observación que las de una hoja.
La digitalización añade otra etapa. El documento que antes debía desplegarse físicamente puede consultarse desde lejos. La ampliación permite acercarse a sus rótulos, aunque no sustituye el examen del soporte ni recupera detalle inexistente en el archivo. Su disponibilidad cambia, sobre todo, quién puede formular preguntas.
Y esa es una buena forma de terminar el recorrido: regresar a la imagen, reconocer los lugares y volver a leer el título. Ya no vemos solamente un fuerte entre montañas. Vemos una frontera desaparecida, una operación todavía incierta y el esfuerzo por convertir un territorio difícil en conocimiento útil.
Cronología: del fuerte fronterizo al mapa conservado
La fortaleza, la campaña y el documento tienen cronologías relacionadas, pero distintas. Esta secuencia permite mantenerlas a la vista sin atribuir al mapa hechos posteriores a su fecha.
| Fecha | Hito | Su significado |
|---|---|---|
| 1597 | Construcción de Saint-Barthélemy | Carlos Manuel I de Saboya impulsa la fortificación. |
| 15 de marzo de 1598 | Toma francesa del fuerte | Lesdiguières incorpora la posición al dispositivo francés. |
| 1692 | Visita de Vauban | Proyectos de mejora sobre una fortaleza ya existente. |
| 1724 | Capilla del fuerte | Otra capa en la historia del recinto. |
| 1740 | Comienza la crisis sucesoria austríaca | La muerte de Carlos VI abre una disputa europea. |
| 12 de noviembre de 1742 | Fecha del mapa | Situación representada de los campos español y enemigo. |
| Diciembre de 1742 | Nueva fase de operaciones en Saboya | Debe distinguirse del instante cartografiado en noviembre. |
| 1748 | Paz de Aquisgrán | Felipe de Borbón obtiene Parma, Piacenza y Guastalla. |
| 1752 | Memoria francesa sobre Barraux | El estudio militar de la posición continúa. |
| 1860 | Incorporación de Saboya a Francia | Cambia el marco político que ayuda a explicar el documento. |
| 23 de agosto de 1990 | Clasificación como monumento histórico | Reconocimiento patrimonial del fuerte. |
Una última lectura: del título a las pequeñas señales
Empieza por la fecha y la cartela. Después localiza Barraux, Chambéry y Montmélian; observa cómo se relacionan con el agua y el relieve. Consulta la leyenda antes de interpretar los campamentos. Finalmente, utiliza la escala gráfica para comparar separaciones sin convertirlas en tiempos de marcha. Si un rótulo resulta ilegible, conserva la duda: no es necesario resolver cada palabra para entender el conjunto.
Para continuar este recorrido por la relación entre territorio y poder, puedes visitar el plano histórico de Madrid, Villa y Corte. Allí cambia el escenario y también la pregunta: una capital se presenta mediante edificios y calles. La exploración y colonización europea de Nueva York ofrece otro ejemplo de cómo las rutas, las posiciones y las decisiones políticas reorganizan un territorio habitado.
Bibliografía y fuentes: seguir las pistas del documento
Revisión editorial: octubre de 2026. Las fechas, la identificación del mapa y la historia del fuerte se han contrastado con catálogos y organismos patrimoniales. Las observaciones sobre la lectura del terreno se presentan como interpretación, sin convertirlas en movimientos de tropas documentados.
- Biblioteca Digital del Patrimonio Iberoamericano / Biblioteca Nacional de España, registro del mapa: título, autores, escala, dimensiones y signatura MR/43/275. Visor de la Biblioteca Digital Hispánica.
- Biblioteca Nacional de España, La Historia en los Mapas Manuscritos de la Biblioteca Nacional, 1984, p. 298, n.º 378: referencia bibliográfica recogida en el catálogo de la obra.
- Instituto Geográfico Nacional, Cartógrafos españoles: entrada de Fausto Roncal y referencia al mapa de los límites de Francia y Saboya de 1742.
- Réseau des sites majeurs de Vauban, Fort Barraux: construcción inicial, captura de 1598 e intervención de Vauban.
- Fort Barraux, historia de la fortaleza; Ministerio de Cultura de Francia, ficha patrimonial PA00117119: evolución del recinto y protección monumental.
- Archives départementales de la Savoie, guerra de 1742 y testimonio del párroco de Apremont: contexto de las operaciones y experiencia civil; documento citado 43 F 337.
- Die Welt der Habsburger, The War of the Austrian Succession: contexto europeo de la sucesión de María Teresa y la paz de 1748.
- Ministerio de Cultura de España, PARES: Felipe de Borbón, duque de Parma: identificación dinástica y ducados de 1748.
- Archives départementales de l’Isère, inventario de las series 1 C–3 C: fortificaciones de Barraux, planos y contratos, 2 C 731.
- Service historique de la Défense, Frontière des Alpes, 1741–1755: memorias sobre el territorio y estudio de un campo atrincherado de Barraux de 1752.
- IGN, representación del relieve: referencia didáctica para distinguir las curvas de nivel modernas de otras formas históricas de dibujar las montañas.
- Patrimoines de Savoie, la Saboya de la anexión; Musée dauphinois, L’Isère en relief: cambios territoriales y patrimonio cartográfico.
Créditos visuales: cabecera conceptual generada con IA. Documento histórico: Biblioteca Nacional de España; se mantiene íntegro el crédito visible en el mapa. El documento cartográfico auténtico y la ilustración de apertura cumplen funciones distintas y están identificados como tales.
El mapa completo de Barraux, Francia y Saboya
Pulsa el mapa para ampliarlo. También puedes abrir el original de 7.000 × 4.153 píxeles y utilizar el zoom del navegador para recorrer sus detalles. Se conserva completo, sin recortes y al ancho normal del artículo.






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