MADRID · ARQUITECTURA · HISTORIA DEL DEPORTE
HIPÓDROMO DE LA ZARZUELA
Los domingos en que Madrid se vestía para las carreras
Arquitectura, turf y vida social bajo las cubiertas imposibles de Eduardo Torroja

Antes de que los caballos aparecieran en la recta, el espectáculo ya había comenzado. Los aficionados observaban el paddock, comparaban el aspecto de cada montura, consultaban el programa y discutían una apuesta que quizá quedaría resuelta en menos de dos minutos. En las terrazas se cruzaban propietarios, jockeys, familias, curiosos y habituales del turf. Sobre todos ellos flotaban unas cubiertas de hormigón tan finas que parecían telas tensadas por el viento.
Durante décadas, acudir el domingo al Hipódromo de la Zarzuela fue mucho más que asistir a una competición. Era acercarse a El Pardo y entrar en una pequeña ciudad diseñada para que el público viera a los caballos sin interrumpirlos. Fue escenario deportivo, escaparate social, plató de cine y laboratorio de arquitectura. También fue una obra marcada por la Guerra Civil, la depuración de sus autores, una larga clausura y una restauración que debió recuperar materiales e intenciones.
◇ En este artículo
El siglo de carreras madrileñas anterior a La Zarzuela.
El concurso de 1934 y la colaboración entre Arniches, Domínguez y Torroja.
Cómo funcionan las famosas cubiertas de hormigón y por qué fueron revolucionarias.
La inauguración de 1941, los domingos de carreras y los años de esplendor.
La crisis de los noventa, el cierre de 1996 y la reapertura de 2005.
La restauración, la protección patrimonial y el significado actual del recinto.
◇ El Hipódromo de la Zarzuela, en cifras
| Dato | Información |
| 1934 | Concurso para el nuevo hipódromo de Madrid. |
| 1935 | Comienzo de las obras en el monte de El Pardo. |
| 4 de mayo de 1941 | Primera jornada de carreras en La Zarzuela. |
| Tres autores | Carlos Arniches, Martín Domínguez y Eduardo Torroja. |
| 12,80 metros | Vuelo de las marquesinas sobre las gradas. |
| 5 centímetros | Espesor mínimo aproximado de la lámina en los bordes. |
| 1996–2005 | Periodo sin carreras en el recinto. |
| 2009 | Declaración como Bien de Interés Cultural, categoría de Monumento. |
| 85 años | Tiempo transcurrido desde la inauguración al cumplirse 2026. |

◆ Madrid ya corría antes de La Zarzuela
La inauguración de 1941 no fue el nacimiento de las carreras de caballos en Madrid. La primera competición documentada suele situarse en 1835, en la Alameda de Osuna. Diez años después hubo carreras en la Casa de Campo. Aquellas reuniones todavía carecían de la estabilidad y del calendario que el turf necesitaba, pero demostraban que la afición por el purasangre, las apuestas y la sociabilidad asociada al caballo había encontrado público en la capital.
El gran antecedente fue el Hipódromo de la Castellana, inaugurado el 31 de enero de 1878 en el extremo norte del Madrid de entonces. Allí hubo carreras, concursos de saltos, fútbol, exhibiciones aéreas y actos militares. Fue escaparate social y escenario del deporte moderno, hasta que su emplazamiento chocó con el crecimiento urbano. Cerró y fue demolido en 1933 para prolongar la Castellana y levantar los Nuevos Ministerios.
Durante el intervalo, algunas pruebas se trasladaron a Legamarejo, en Aranjuez, y a Lasarte. Madrid necesitaba un recinto con pistas, tribunas, paddock, ensilladeros, taquillas y servicios capaces de ordenar a miles de personas y decenas de animales. El problema era deportivo, urbano y arquitectónico al mismo tiempo.
◆ Un hipódromo para una ciudad que quería ser moderna
En 1934, durante la Segunda República, se convocó el concurso para construir el nuevo recinto en una finca del monte de El Pardo. Se presentaron nueve equipos. La propuesta ganadora fue la de los arquitectos Carlos Arniches y Martín Domínguez, acompañados por el ingeniero Eduardo Torroja. Los tres pertenecían a una generación que buscaba modernizar la arquitectura española sin convertirla en una copia literal de las vanguardias extranjeras.
Arniches y Domínguez practicaban una arquitectura racional, pero no fría: patios, jardines, muros blancos, teja y arquerías podían integrar el edificio en el paisaje. Torroja aportaba una nueva manera de pensar la estructura. Para él, la forma debía nacer del modo en que el material resistía las cargas.
El emplazamiento ofrecía una ventaja decisiva: la pendiente natural permitía organizar el conjunto en niveles. En vez de imponer un estadio cerrado sobre el terreno, el proyecto se adaptaba a él. Los espectadores avanzarían por un eje norte-sur, mientras el recorrido de los caballos se desarrollaría de este a oeste y a una cota inferior. Público y animales podían verse, algo esencial para valorar el estado de una montura antes de apostar, pero no necesitaban cruzarse. Esa separación funcional sigue siendo una de las ideas más inteligentes del proyecto.
La regla invisible del buen hipódromo El caballo debe ser visible durante el ensillado, el paseo por el paddock y la salida a pista; el público debe acompañar ese ritual sin invadirlo.
◆ La arquitectura que parece galopar
La imagen universal de La Zarzuela es la de sus tres tribunas y las marquesinas ondulantes que protegen las gradas. No son una decoración añadida: estructura, cubierta y expresión visual son la misma cosa. Los pórticos se repiten aproximadamente cada cinco metros. Sobre ellos se apoyan las gradas y unas láminas de hormigón armado formadas por sectores de hiperboloides que se cortan entre sí. La sucesión de curvas crea un ritmo que se ha comparado con el movimiento de un caballo al galope.
Cada marquesina vuela hasta 12,80 metros sin colocar columnas delante de los espectadores. En los bordes, la lámina alcanza un espesor mínimo cercano a cinco centímetros. Es una cifra desconcertante: una cubierta capaz de proteger una gran gradería se vuelve, en su extremo, poco más gruesa que una mano. La resistencia no depende de acumular hormigón, sino de darle la curvatura adecuada. Del mismo modo que una hoja de papel se vuelve más rígida al plegarla, la doble curvatura distribuye los esfuerzos y permite utilizar menos material.
El proyecto de concurso había considerado una solución metálica, pero durante el desarrollo se produjo el cambio decisivo hacia el hormigón armado. Torroja convirtió la limitación en una oportunidad experimental. Años después resumiría su filosofía con una frase que parece escrita para estas cubiertas: «Antes y por encima de todo cálculo está la idea moldeadora del material en forma resistente».
La modernidad no se limita a las marquesinas. Arquerías y muros enlazan edificios dispersos; los patios regulan el paso entre interiores y exteriores; la galería del paddock acompaña el ritual previo; la pendiente abre vistas hacia la pista y Madrid. La teja árabe y los paramentos blancos aparecen depurados. El resultado no es un objeto aislado, sino un paisaje construido.

Dato sorprendente Las cubiertas no son tres piezas idénticas repetidas. Su geometría se adapta a la posición y a las necesidades de cada tribuna, manteniendo un ritmo común que unifica el conjunto.
◆ Una obra atrapada por la Guerra Civil
Las obras comenzaron en 1935 y avanzaron con rapidez. Cuando estalló la Guerra Civil en julio de 1936, la estructura principal estaba prácticamente terminada. El lugar quedó cerca del frente y recibió impactos, pero las láminas y los pórticos resistieron lo suficiente para que el conjunto pudiera recuperarse. Esa supervivencia material contrasta con la ruptura sufrida por sus autores.
Martín Domínguez partió al exilio y perdió su archivo profesional, incluidos los planos originales. Décadas después, ya lejos de España, reconstruyó de memoria y a partir de fotografías una planta del hipódromo que hoy conserva el Museo Reina Sofía. Nunca vio terminado el edificio que había contribuido a concebir. Carlos Arniches permaneció en España, pero sufrió depuración y ostracismo profesional. Torroja conservó la documentación estructural y participó en las reparaciones y en la finalización de la posguerra.
Este contexto obliga a corregir una simplificación frecuente. La Zarzuela no fue un proyecto nacido con el franquismo, aunque se inaugurara bajo la dictadura. Su concepción, concurso y primera construcción pertenecen a la modernidad arquitectónica de la República. La apertura de 1941 fue, al mismo tiempo, la culminación de aquel proyecto y una apropiación política de una obra cuyos arquitectos habían sido apartados.
◆ 4 de mayo de 1941: vuelve el ruido de los cascos
El primer domingo de mayo de 1941, Madrid recuperó las carreras después de un paréntesis de más de ocho años. El recinto abrió con las instalaciones imprescindibles y con un país todavía marcado por la guerra, la escasez y el aislamiento. Buena parte de los caballos de los primeros programas tuvo que importarse porque la cabaña nacional había quedado muy reducida.
La inauguración tenía una dimensión que iba más allá del deporte. En una ciudad gris y sometida a fuertes restricciones, la pista ofrecía velocidad, color y la ilusión de una normalidad elegante. Las crónicas destacaron sombreros, uniformes, propietarios y personalidades; sin embargo, reducir La Zarzuela a un salón aristocrático sería incompleto. Había palcos y espacios de representación, pero también grada general, apostantes habituales, trabajadores de cuadras y público atraído por la emoción de una llegada ajustada.
La experiencia se organizaba como una secuencia. Primero se estudiaba el programa. Después se observaban los caballos en el ensilladero y el paddock: su forma de caminar, el brillo del pelo, el nerviosismo o la calma podían cambiar una apuesta. Luego llegaban la taquilla, la llamada a pista, la búsqueda de un lugar en la grada y dos minutos de carrera. El desenlace era breve; la espera, las conversaciones y las decisiones previas ocupaban casi toda la jornada.

◆ El domingo en los caballos
Con los años, la visita al hipódromo se convirtió en un rito dominical. La expresión sobrevivió en la cultura popular y Cecilia la condensó en cuatro palabras dentro de su canción Dama, dama: «El domingo, los caballos». La frase aludía a una mujer de clase alta, pero funcionaba porque el público reconocía inmediatamente el escenario social. La Zarzuela era un lugar para mirar la pista y para dejarse ver.
Ese componente social no debe confundirse con frivolidad. Un hipódromo reúne propietarios, criadores, preparadores, veterinarios, mozos, jockeys, apostantes y espectadores. Para unos, el domingo era ocio; para otros, la culminación de una semana de entrenamiento. La arquitectura permitía que esos mundos se rozaran sin mezclarse. Desde las terrazas se observaban los caballos; en los espacios de servicio se pesaba a los jinetes y se preparaban las monturas.
También era una excursión al borde de la ciudad. La perspectiva abierta y la cercanía de El Pardo diferenciaban la experiencia de otros espectáculos madrileños: se recorrían patios, jardines, galerías y balcones. Las fotografías históricas prestan tanta atención a la gente como a los caballos. El hipódromo registraba modas, gestos y jerarquías; era un retrato colectivo en movimiento.
◆ De la consolidación al gran esplendor
Los años cincuenta profesionalizaron el calendario. En 1952 se instituyeron el Derby —Premio Villapadierna— y los Oaks —Premio Beamonte—, siguiendo el modelo clásico europeo. En 1954 aumentó el número de carreras por jornada y en 1956 apareció la apuesta quíntuple, que podía jugarse fuera del recinto. Se mejoraron pistas de entrenamiento y se completaron dependencias para jockeys, enfermería y público.
La expansión culminó entre finales de los sesenta y mediados de los setenta. En 1968, el Gran Premio de Madrid repartió por primera vez un millón de pesetas; ganó Tebas, propiedad del duque de Alburquerque, que además la entrenó y montó. Al año siguiente llegó la cámara de foto-finish. En 1971 los cajones de salida sustituyeron a las antiguas cintas, en 1974 entró en servicio el totalizador de apuestas y en 1975 se implantó el control antidopaje. La modernización afectó al espectáculo, pero también a su credibilidad deportiva.
En los ochenta, la Quiniela Hípica llevó las apuestas a escala nacional. La recaudación de la temporada de 1984 alcanzó cifras extraordinarias y la televisión amplió el público. En 1988 se llegó al entorno de los mil caballos en entrenamiento y se inauguraron las carreras nocturnas de verano. A primera vista, La Zarzuela seguía galopando; bajo esa prosperidad comenzaban, sin embargo, problemas de gestión y financiación que terminarían siendo decisivos.

◆ Un escenario del cine y la memoria de Madrid
La potencia visual del recinto atrajo al cine. Sus tribunas, terrazas y carreras aparecen vinculadas a películas como Muerte de un ciclista, Las chicas de la Cruz Roja, Los económicamente débiles y Siempre es domingo. Cada título utilizó el hipódromo de forma distinta, pero juntos demuestran que La Zarzuela servía como abreviatura visual de modernidad, ocio y posición social.
Las fotografías de prensa completaron esa memoria. Junto a llegadas y entregas de premios aparecen coches, vestidos, niños, colas y espectadores inclinados sobre el programa. El archivo muestra cómo cambió la sociedad madrileña desde la posguerra hasta la Transición y cómo un recinto asociado a las élites incorporó públicos más amplios.
Para mirar una fotografía histórica No te fijes únicamente en el caballo ganador. Observa dónde se coloca cada grupo, qué zonas ocupan hombres y mujeres, cómo visten, qué publicidad aparece y qué relación mantiene el público con la pista.
◆ Del esplendor al silencio de 1996
La caída no fue repentina. La Quiniela Hípica perdió fuerza y dejó de celebrarse en 1991. Los cambios de gestión no lograron estabilizar la actividad. En 1992, la concesión pasó a Hipódromo de Madrid, S. A., pero la empresa acumuló problemas económicos. El 15 de diciembre de 1996 se disputó la última jornada antes del cierre; la victoria de El Aleph, montado por José Luis Martínez, quedó como la imagen final de cincuenta y cinco años de competición continuada.
La clausura afectó a mucho más que un lugar de ocio. La Zarzuela concentraba una parte enorme de las carreras y de los premios del país. Sin su principal escaparate, criadores, propietarios, entrenadores, jockeys y trabajadores perdieron actividad. El silencio de las gradas representaba la crisis de todo un sector. Al mismo tiempo, el abandono aceleró el deterioro de redes, cubiertas, instalaciones y añadidos construidos durante décadas sin una visión unitaria.
El edificio, sin embargo, ya era reconocido como una pieza excepcional. La protección patrimonial se había iniciado en 1980 y evitó que la crisis se resolviera mediante una transformación agresiva o una demolición. La pregunta dejó de ser si merecía conservarse y pasó a ser cómo devolverle la actividad sin convertirlo en un monumento vacío.
◆ Reabrir las carreras, restaurar la arquitectura
En 2003 se constituyó la sociedad pública encargada de recuperar el recinto y reactivar las carreras. La reapertura deportiva llegó el 23 de octubre de 2005, tras casi nueve años de clausura. Pero poner caballos en la pista no equivalía a haber resuelto la rehabilitación. Las marquesinas presentaban daños por agua y corrosión; construcciones y reformas anteriores habían ocultado la lógica original; algunas circulaciones ya no funcionaban como habían previsto Arniches y Domínguez.
Junquera Arquitectos ganó en 2004 el concurso para la restauración. Como gran parte de la documentación original se había perdido, el equipo estudió planos, fotografías, catas y sistemas constructivos. Así pudo distinguir el proyecto inicial de las alteraciones posteriores y decidir qué podía incorporarse para responder a las necesidades actuales.
La intervención eliminó añadidos que desfiguraban los edificios históricos, reparó las tribunas, recuperó patios y arquerías, reorganizó los servicios de carreras y volvió a separar los recorridos del público y de los caballos. Las nuevas dependencias se integraron en el terreno para no competir con las siluetas originales. En vez de congelar La Zarzuela en 1941, la restauración intentó recuperar sus principios: adaptación al paisaje, claridad funcional, escala y continuidad espacial.
En 2009 el Estado declaró el Hipódromo de la Zarzuela Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento. La protección incluye las tribunas, el restaurante sur, el paddock y sus galerías, los jardines, los arcos de entrada, la pelouse y la torre de comisarios. No se protege únicamente una marquesina famosa, sino el sistema de espacios que permite comprender cómo funcionaba el conjunto.

◆ La Zarzuela del siglo XXI
Hoy el recinto mantiene temporadas de carreras, jornadas nocturnas, actividades familiares, gastronomía, visitas y eventos culturales. La diversificación ayuda a sostener un gran equipamiento deportivo. El reto consiste en generar actividad sin banalizar el monumento ni impedir su función principal.
El Museo Eduardo Torroja, instalado en el recinto, permite relacionar las carreras con la historia de la ingeniería. Las cubiertas han dejado de ser solamente un techo para convertirse en una lección construida sobre geometría, economía de material y belleza estructural. En 2026, ochenta y cinco años después de la inauguración, La Zarzuela continúa siendo hipódromo y monumento. Esa continuidad de uso es parte esencial de su valor: el edificio sigue explicándose mediante caballos, público y movimiento.
La gran paradoja La mejor manera de conservar un hipódromo no es vaciarlo para admirar su arquitectura, sino mantener viva la actividad para la que fue diseñado, sometiéndola a las reglas de protección del monumento.
◆ Pequeño glosario para entender una jornada de carreras
| Término | Qué significa |
| Turf | Conjunto de las carreras de caballos, su cría, profesionales y cultura deportiva. |
| Paddock | Recinto donde el público observa a los caballos antes de la carrera. |
| Pelouse | Franja o paseo situado entre las tribunas y la pista. |
| Hándicap | Carrera en la que se asignan pesos para equilibrar las posibilidades de los participantes. |
| Foto-finish | Imagen de alta precisión utilizada para determinar el orden en llegadas muy ajustadas. |
| Totalizador | Sistema que registra apuestas, calcula cuotas y distribuye premios. |
| Derby | Gran prueba clásica reservada a caballos de tres años. |
| Oaks | Prueba clásica equivalente reservada a potrancas de tres años. |
◆ Cuatro ideas que conviene matizar
No fue obra exclusiva de Eduardo Torroja. Su aportación estructural resultó decisiva, pero la concepción del conjunto pertenece al trabajo compartido con Carlos Arniches y Martín Domínguez.
No nació en la posguerra. El concurso, el proyecto y la mayor parte de la estructura se desarrollaron durante la Segunda República; la Guerra Civil interrumpió las obras y alteró su terminación.
No fue únicamente un club aristocrático. La elegancia y las élites formaron parte de su imagen, pero el hipódromo reunió también a aficionados populares, profesionales, familias y trabajadores del sector.
Las cubiertas no son una extravagancia estética. Su forma responde a la necesidad de cubrir las gradas con el mínimo material y sin columnas que obstaculicen la visión.
◆ Preguntas frecuentes
¿Cuándo se inauguró el Hipódromo de la Zarzuela?
El 4 de mayo de 1941. Las obras habían comenzado en 1935, pero quedaron interrumpidas por la Guerra Civil y necesitaron reparaciones antes de la apertura.
¿Quién diseñó el hipódromo?
Los arquitectos Carlos Arniches y Martín Domínguez, con la colaboración esencial del ingeniero Eduardo Torroja. Los tres ganaron el concurso convocado en 1934.
¿Por qué son tan importantes sus tribunas?
Porque las marquesinas utilizan láminas de hormigón armado de doble curvatura, muy delgadas y con grandes vuelos. Son una obra pionera de ingeniería y uno de los símbolos internacionales de la arquitectura moderna española.
¿Por qué cerró en 1996?
La actividad llevaba años afectada por problemas económicos, pérdida de apuestas y dificultades de gestión. La empresa concesionaria suspendió las carreras y el recinto permaneció cerrado hasta 2005.
¿Sigue funcionando como hipódromo?
Sí. Desde su reapertura se celebran temporadas de carreras, incluidas jornadas nocturnas, junto con actividades culturales y de ocio compatibles con la protección del monumento.
◆ Conclusión: una ciudad bajo tres alas de hormigón
El Hipódromo de la Zarzuela nació para sustituir una pista desaparecida, pero terminó convirtiéndose en algo que Madrid no había tenido: un paisaje deportivo donde arquitectura, naturaleza y movimiento formaban una unidad. Sus cubiertas son admiradas porque parecen imposibles; sus domingos permanecen en la memoria porque reunieron competición, riesgo, ceremonia y vida social.
La Guerra Civil impidió que sus arquitectos vieran completada la obra como la habían imaginado. La crisis de los noventa estuvo cerca de reducir el recinto a un escenario vacío. La restauración demostró que conservar no significa inmovilizar, sino comprender lo esencial y permitir que siga funcionando. Bajo las láminas de Torroja todavía se escucha lo mismo que en 1941: conversaciones, apuestas, una llamada a pista y el golpe creciente de los cascos antes de la meta.
Para debatir ¿Qué conserva mejor la memoria de una ciudad: proteger sus edificios como piezas de museo o mantenerlos vivos, aunque tengan que adaptarse a nuevos usos?
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Fuentes y bibliografía de contraste
[1] Hipódromo de la Zarzuela · Bienvenidos e historia
[2] Fundación DOCOMOMO Ibérico · Hipódromo de la Zarzuela
[3] BOE · Real Decreto 1611/2009, declaración como Bien de Interés Cultural
[4] Museo Reina Sofía · Archivo Martín Domínguez, Hipódromo de la Zarzuela
[5] Junquera Arquitectos · Rehabilitación del Hipódromo de la Zarzuela
[6] Ministerio de Agricultura · El Hipódromo de la Zarzuela reabre sus puertas
[7] Fundación Arquitectura COAM · Arquitectura de Madrid
[8] RTVE · Historia del Hipódromo de la Zarzuela
[9] Informes de la Construcción-CSIC · Durabilidad de las cubiertas
Archivo técnico · Fondo Eduardo Torroja Miret, CEHOPU-CEDEX
Punto de partida hemerográfico · ABC, 20 de agosto de 2015



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