- La barcelonesa Dory Sontheimer encontrรณ siete cajas en casa de sus padres y descubriรณ el asesinato de 36 familiares en el Holocausto
- ESPECIAL: Viaje al Holocausto

La tormenta tuvo un aviso desgarrador. Antes de morir en 2002, Rosa Sontheimer empezรณ a delirar en Barcelona. “ยกQuรฉ viene la Gestapo! ยกQuรฉ viene la Gestapo y se nos va a llevar!”, exclamaba en alemรกn. Pocas semanas despuรฉs, su hija Dory confirmรณ sus temores. No era un delirio producto de su larga enfermedad sino el trauma de su familia, pueblo y รฉpoca.
En el altillo de una casa de la Avenida Diagonal, encontrรณ la respuesta. Siete ordenadas cajas, camufladas con mantas y edredones, esperaban a esta mujer nacida en Barcelona y educada como catรณlica en la Espaรฑa franquista. Ocurriรณ hace 14 aรฑos, cuando enterrรณ a su madre y resucitรณ un tormentoso pasado. Encontrรณ un tesoro abriendo una tremenda caja de Pandora. A los 56 aรฑos, y ya como abuela, abrazรณ su verdadera identidad.
Los padres de Dory eran dos jรณvenes judรญos que se conocieron en Barcelona tras huir de una Alemania que mostraba sรญntomas peligrosos. Tras la victoria de Franco en la Guerra Civil, el miedo les hizo iniciar una nueva vida. Kurt y Rosl pasaron a ser Conrado y Rosa, se convirtieron al cristianismo y volvieron a casarse por la Iglesia. Siete dรฉcadas despuรฉs, un ingente material epistolar de sus familiares revela sus desesperados intentos para salvarse de la hoguera nazi que se extendรญa por Europa.
En lugar de ahogarse de tristeza y rabia en el rรญo de documentos, Dory iniciรณ un valiente viaje en la mรกquina del tiempo siguiendo a los suyos azotados por el rรฉgimen nazi. Las cajas confirmaron el secreto que le susurrรณ su padre a cumplir los 18 aรฑos –“Somos judรญos pero no se lo digas a nadie porque nos pueden hacer mucho daรฑo”– y revelaron otros. Como el asesinato de 36 familiares por los nazis. La deportaciรณn de sus abuelos maternos Eduard Heilbruner y Lina Levi a campos de refugiados en Francia antes de ser enviados en septiembre de 1942 a Auschwitz, donde fueron exterminados. O cรณmo sus abuelos paternos Max y Rosa sufrieron las leyes antijudรญas y las humillaciones de los que consideraban amigos en Nรบremberg antes de huir a Cuba.
“Cuando preguntaba por los familiares en Alemania, mi padre cambiaba de tema o decรญa que murieron en la guerra. Me extraรฑaba mucho no tener primos o abuelos”, cuenta Dory a EL MUNDO tras dar una conferencia en el Instituto Cervantes de Tel Aviv, visitar familiares y dar su testimonio en la Sala de los Nombres del Museo del Holocausto Yad Vashem en Jerusalรฉn. “Ha sido muy emocionante visitar Israel. Tengo la sensaciรณn del deber cumplido“, resume orgullosa.
El puzle de secretos, encuentros y lรกgrimas en varios continentes se plasma en ‘Las Siete Cajas’ (Editorial Circe). De profesiรณn farmacรฉutica, Dory hallรณ una medicina inesperada en el desvรกn. “Decidรญ que tenรญa que escribir este libro como homenaje no sรณlo a ellos sino a todas los que sufrieron aquel horror. Estos รบltimos aรฑos, he encontrado a familia que no conocรญa“.
Conversamos en el puerto de Tel Aviv. A pocos metros, en la calle Ben Yehuda -asรญ lo revela la primera impactante caja- la alegre y joven hermana de su padre muriรณ en el bombardeo de la Aviaciรณn de Mussolini que causรณ 137 vรญctimas en septiembre de 1940.
La barcelonesa participรณ en los dos minutos de silencio que paralizaron Israel en recuerdo de los seis millones de judรญos asesinados por la Alemania nazi. “Cuando descubrรญ el contenido de las cajas, me di cuenta de lo que una sociedad culta de la Europa del siglo XX fue capaz de ejecutar. Lo que ocurriรณ a mi familia en la que exterminaron a 36 personas ocurriรณ a otras miles en Europa. No se puede olvidar jamรกs. Debemos asegurarnos que nunca mรกs vuelva a ocurrir“, asegura pensando tambiรฉn en sus tres hijos y siete nietos.
Sus padres se acogieron al silencio como escudo vital. Dory lo rompe como necesidad vital. “Mi padre me dejรณ las cajas porque querรญa que supiera la historia familiar. Lo guardรณ todo para que se conociera no sรณlo el legado familiar sino histรณrico. Por ejemplo los documentos nazis contra los judรญos“, estima antes de aรฑadir: “El reconocimiento de tus orรญgenes es imprescindible para poder vivir tu presente y conocer la verdad”.
El libro tambiรฉn recrea el ambiente del bar Heidelberg en Barcelona donde sus padres pasaron horas de amor y guerra, y denuncia al cรณnsul espaรฑol en Marsella, que no dio a sus abuelos la autorizaciรณn de entrada a Espaรฑa. Al final, entraron en las cรกmaras de gas.
Una carta de su abuela bajo el yugo nazi a su madre en Barcelona resume esos oscuros dรญas: “No tenemos noticia de ningรบn deportado. Desaparecen”.
Dory entiende la dolorosa decisiรณn de sus padres de dar la espalda a sus orรญgenes. “Escondieron su identidad judรญa para seguir viviendo. Entre los amigos de mi padre se comentaba que la Gestapo operaba en Barcelona buscando a los judรญos y sacรกndoles del paรญs”, nos recuerda aliviada porque no tiraron su pasado. Lo guardaron en siete ordenadas cajas.
ยฟTeme hoy ser judรญa? “No”, responde y reivindica el mensaje de “universalidad y convivencia independientemente del origen, religiรณn y raza de cada uno”. Pero recuerda a una mujer que se acercรณ cuando firmaba libros para susurrarle: “Yo tambiรฉn soy judรญa pero prefiero no decirlo. Siempre que surge un problema culpan a los judรญos”.



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