La verdad sobre el padre de Tintín

El Mundo

  • Y sobre Tintín y las chicas. Y sobre los apellidos de Hernández y Fernández. Un psicólogo ha sometido a terapia al personaje de Hergé y ha descubierto algún que otro secreto

Al Serge Tisseron niño le extrañaba que Hernández y Fernández, los tipos del bombín y el bigote en los cómics de Tintín, tuviesen apellidos distintos siendo gemelos. Quiso saber el porqué y nadie en su familia supo responderle. Creció dándole vueltas y, una vez convertido en el reputado psicólogo que es hoy, dedicado como está a ponerle fin a los secretos de las familias, decidió nada menos que someter a Tintín a una sesión de psicoanálisis. Analizó uno a uno todos los títulos firmados por Hergé que tenían al rubio periodista como protagonista y descubrió un buen puñado de secretos de familia de su autor. El primero, que si no existen mujeres en la saga es porque Tintín salió de la imaginación de un niño de cinco años. Un niño de cinco años que quiere viajar a la luna y que trata de entender por qué su padre y su tío, un par de gemelos como Fernández y Hernández, nunca supieron quién era en realidad el verdadero padre, y vivieron creyendo que era el tipo al que su abuela, una baronesa muy parecida a la Castafiore, había pagado para que los reconociera.

“De ahí el asunto de los dos apellidos”, dice Tisseron, que ha pasado por Barcelona para hablar del libro infantil que acaba de publicar con el fin de que los padres que tuvieron a sus hijos mediante la reproducción asistida puedan explicarles de dónde vienen en realidad (El misterio de las semillas de bebé). “El abuelo de Hergé dejó embarazada a la sirvienta del castillo en el que vivía con su madre, la baronesa, y ésta, creyendo que sería un deshonor para su hijo reconocer el embarazo, pagó a otro hombre para que se hiciera pasar por el padre del niño, que resultaron ser dos”, cuenta. De ahí lo de los dos apellidos. “En los cómics de Tintín están las tres generaciones de su familia: la de su abuela, representada por Castafiore, la de su padre y su tío, representada por los gemelos, y la suya propia, representada por Tintín, el Capitán Haddock y Tornasol”, asegura el psicoanalista francés. ¿Tintín, el Capitán Haddock y Tornasol son Hergé? “Sí, él mismo lo confesó. Dijo que Tintín era él cuando era perfecto, que el Capitán Haddock era él cuando había bebido más de la cuenta y que Tornasol era él cuando trabajaba demasiado“, contesta Tisseron, que ha publicado diversos libros con el resultado de su estudio, entre ellos el titulado Tintin chez le psychanalyste.

El hecho de que el periodista rubio esté rodeado de figuras paternas (todos, a excepción de Castafiore, lo son) tiene precisamente que ver con la obsesión infantil de Hergé por su padre. “Él veía a su padre triste y se preguntaba por qué. Construyó todos esos personajes para intentar darle un sentido a la historia de su padre. “Caí en la cuenta de que en el linaje de Hergé debía de haber un problema de reconocimiento, de que alguien no había reconocido a un hijo y que ese alguien era un noble, cuando descubrí que en cierto cómic se apunta la posibilidad de que el Capitán Haddock sea un hijo bastardo de Luis XIV. Lo apunté en un artículo y un par de biógrafos de Hergé secundaron mi hipótesis contando la historia del padre”, asegura el psicólogo, que vive inmerso en lo que parece una cruzada contra los secretos de familia. “Que los padres escondan cosas a sus hijos, sobre todo si son cosas relacionadas con su propia concepción, como ocurre con los padres que han tenido que hacer uso de la reproducción asistida, pueden llegar a perder la confianza en ellos para siempre“, apunta.

Para que algo así no ocurra, como dejó claro en su participación en la serie de conferencias organizadas recientemente por la clínica Eugin en Barcelona, “los padres deben asegurarse de contarle al niño cómo fue concebido y por qué. A veces los padres tienen miedo de contárselo porque creen que los querrán menos si saben que no son sus hijos biológicos, pero no es cierto. Escondiéndolo, lo único que pueden provocar es inseguridad en el pequeño, que no sabrá qué puede y qué no puede preguntarles a sus padres”. La edad ideal para empezar a hablar de ello con los niños son los cinco años, aunque “los padres pueden ir ensayando antes, como se ensayan las obras de teatro, ante un público que aún no les entiende, el bebé, para que todo sea lo más natural posible”, añade. El fin es eliminar el secreto de familia, porque los secretos de familia pesan. A veces pesan tanto que dan lugar a auténticas obras maestras de la viñeta.


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About the author

Grace Bennett es una historiadora del arte y escritora freelance con una pasión por explorar las intersecciones entre la naturaleza, el simbolismo y la expresión artística. Con un historial en arte renacentista y moderno, a Grace le gusta descubrir los significados ocultos detrás de obras icónicas y compartir sus ideas con amantes del arte de todos los niveles. Cuando no está visitando museos o investigando las últimas tendencias en arte contemporáneo, puedes encontrarla caminando por el campo, siempre persiguiendo el próximo arcoíris.

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