
La relación entre el cine y la tecnología es una de las más fructíferas de la historia del arte. De hecho, podría decirse que el cine es el arte tecnológico por antonomasia. Con esto en mente, no es de extrañar la fascinación que el séptimo arte ha demostrado por los adelantos de la ciencia. Podría decirse que el cine vive permanentemente con un ojo puesto en el futuro, especulando sobre las posibilidades ofrecidas por las nuevas tecnologías. Hay ocasiones en las que el cine (la ficción) se adelante a su tiempo; sin embargo, hay otras veces en las que el cine se equivoca. Esas profecías tecnológicas erróneas son lo que nos proponemos explorar en este post de la mano de la web ScreenJunkies.
He aquí las predicciones tecnológicas fallidas del cine.
Mentes maestras (1997). Como muchas otras, esta película tiene como protagonistas a un grupo de chavales que han convertido el “hackeo” informático en su pasatiempo predilecto. Y en este caso cabe decir que el fallo de la película no está tanto en el fondo (realmente, el poder de los hackerse han convertido en una realidad) como en la forma (su ingenua aproximación a la cuestión). En resumen, podría decirse que el filme trata toda la cuestión del pirateo informático como si se tratara de un juego de niños. Y no es tanto que los piratas sean personajes infantiloides; el verdadero problema está en la manera en que las empresas se defienden de los ataques. En varias escenas de “pirateo”, el hacker penetra en el sistema de una gran empresa y, al ser localizada su intrusión, el sistema de defensa de la corporación se limita a advertirle de que ha sido detectado. Nada de bloqueos o contraataques. Está claro que los creadores de la película no eran conscientes del verdadero peligro oculto tras el pirateo informático, que hoy en día se ha demostrado capaz de poner en jaque a multinacionales o naciones enteras.
El cortador de césped (1992). Hay periodos en los que una tecnología se vuelve omnipresente en la ficción fílmica. Uno de los casos más flagrantes fue el de la realidad virtual en el cine de los noventa. Por unos años, pareció que la realidad virtual iba a cambiar el mundo. Todos nos íbamos a quedar en casa enganchados a nuestros sistemas de fantasía sensorial-intelectual (ha pasado, pero por culpa de Internet, no de la realidad virtual). En El cortador de césped, el poder de la realidad virtual se llevaba hasta extremos esperpénticos. En el filme, un científico interpretado por Pierce Brosnan utilizaba la nueva tecnología para desarrollar el cerebro de personas con problemas de aprendizaje. Pero claro, la cosa se iba de madre cuando un sistema informático inoculaba el MAL en un inocente chaval interpretado por Jeff Fahey. Simplemente delirante.
Acoso (1994). A la hora de discutir acerca del uso innecesario de la realidad virtual en la ficción es imposible no referirse a la película Acoso, en la que el bueno de Michael Douglas es acusado erróneamente de acoso por parte de su nueva jefa, la temperamental y fogosa Demi Moore. En su camino por desvelar la verdad, Douglas lleva a cabo uno de los ejercicios más absurdos de búsqueda informática de la historia del cine. Enfundado en un casco de realidad virtual y subido a una cinta para andar, el tipo se adentra en el sistema informático de la empresa. Los creadores de la película no imaginaron que, en el futuro, las búsquedas informáticas se resolverían con el clic del ratón o el clac de una tecla.
Juegos de guerra (1983). En este caso, vale la pena ser comprensivos, dado que hablamos de una película de 1983, un tiempo en el que la idea de “estar on-line” sonaba a rito esotérico. Aun así, la película es un festival de inconsistencias. La idea central clama por su absurdidad: el Gobierno de los Estados Unidos decide poner la suerte de su programa nuclear en manos de un poderoso ordenador (eso ya es difícil de creer) y, por desgracia, la máquina confunde los inofensivos juegos informáticos de un nerd con una amenaza que merece el estallido de la Tercera Guerra Mundial. Finalmente, un informático muy listo descubre la manera de hacer entrar en razón a la máquina ¡haciéndola jugar al tres en raya! Sí señor.
Hackers (Piratas informáticos) (1995). Hemos visto ya algunos casos en los que la ficción no supo advertir los peligros potenciales que podían suponer los hacker. Aquí nos encontramos con el caso contrario: la presentación de los piratas como ser súper-poderosos, imbatibles y guapísimos (ahí está Angelina Jolie para demostrarlo). Los hackers de la película pueden hacer lo que les venga en gana; no hay límites ni barreras. Esta idea se confirma en una secuencia en la que, para pasar el rato, los piratas se divierten en un tejado de Nueva York mientras escriben lemas subversivos en las ventanas del skyline de Manhattan controlando las luces de las diferentes oficinas.
Operación Swordfish (2001). Lo de esta película es pura ingenuidad pre-11-de-septiembre. En equipo de maestros del pirateo se lo montan para sablearle al Gobierno de los Estados Unidos 9.5 billones de dólares y luego consiguen escapar simulando su propia (y explosiva) muerte. Sí, claro. Convencer a los servicios secretos americanos de tu propio fallecimiento es así de fácil, sobre todo cuando acabas de dejarles sin blanca. Y lo mejor de todo es que el ataque informático se realiza desde un club nocturno de Manhattan, Nueva York.



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