Ha sufrido un fallo minutos después de despegar
- La nave ha sufrido problemas minutos después de su lanzamiento
- La misión pretendía medir las concentraciones de CO2 en la atmósfera
- Su diseño y construcción han supuesto una inversión de 210 millones de euros
El cohete Taurus, que transporta el ‘Observatorio Orbitador del Carbono’ (OCO), ha sufrido un problema minutos después de despegar de la base Vandenberg de la Fuerza Aérea de EEUU en California. Los responsables del lanzamiento declararon que el cohete experimentó una contingencia al no desprenderse, como estaba previsto, la cofia que protege la carga después del despegue.
“No hemos tenido un lanzamiento exitoso esta noche“, reconocía el comentarista del canal de televisión de la NASA, George Diller, durante la retransmisión del despegue.
Con esta misión, la agencia espacial norteamericana pretendía poner su enorme potencial tecnológico para mejorar el conocimiento acerca del calentamiento global. Este proyecto, cuya inversíón total ha sido de más de 210 millones de euros, debía convertirse en la primera plataforma espacial diseñada para medir las concentraciones de CO2 -el principal gas de efecto invernadero responsable del cambio climático- en la atmósfera terrestre.
Según los cálculos científicos cerca del 60% de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) provocadas por el hombre son absorbidas a partes iguales por los océanos y por los ecosistemas terrestres y los suelos. El resto permanece en la atmósfera aumentando la cantidad total de este gas y contribuyendo con ello al calentamiento global.
«El problema que tenemos para medir las concentraciones de CO2 es que es realmente difícil señalar dónde se encuentran los sumideros de este gas», asegura Anna Michalak, miembro del equipo científico del OCO. El nuevo observatorio de la NASA tiene precisamente el objetivo de identificar los sumideros o puntos de absorción y las principales fuentes emisoras.
El dióxido de carbono es uno de los componentes fundamentales de la atmósfera terrestre y por ello un pequeño cambio en el ciclo natural de emisión y absorción puede alterar gravemente el clima del planeta. El hombre es responsable de un 2% de su producción total, pero ese pequeño porcentaje ha situado las medidas de este gas en su nivel más alto del último millón de años. «Tenemos que poder diferenciar entre diferencias de concentración muy pequeñas», afirma el investigador principal del proyecto, David Crisp.
Por ese motivo el nuevo satélite, que tiene el inusual y pequeño tamaño de una cabina de teléfono, está equipado con tres equipos de medición llamados espectrofotómetros, dos para medir el CO2 y uno para el oxígeno molecular, que sirve como control porque permanece constante en la atmósfera. Según las previsiones de los científicos, completará una vuelta cada 99 minutos y pasará por el mismo lugar cada 16 días. Además, posee un telescopio con una potente cámara dos veces más eficiente que la que porta el Hubble.
Este observatorio espacial ayudará a mejorar el conocimiento que se tiene en la actualidad del ciclo del carbono, algo fundamental para ayudar a los responsables políticos a tomar las decisiones adecuadas para nuestro clima en cada momento. O lo que es lo mismo, para mantener nuestra calidad de vida, si aún es posible.



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