La curiosa legión de saqueadores que robó los dientes a los soldados muertos en Waterloo

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  • Tras la contienda, los lugareños extrajeron la dentadura de los fallecidos para que fueran utilizados en las prótesis bucales
Wikimedia Batalla de Waterloo, donde los dientes valieron más que el terreno conquistado
Wikimedia | Batalla de Waterloo, donde los dientes valieron más que el terreno conquistado

Los habitantes del siglo XIX nunca destacaron por su higiene bucal. Y es que, por entonces poco se conocía de la norma básica que afirma que es necesario lavarse los dientes un mínimo de tres veces al día para evitarte problemas dentales. Eso, unido a que un producto antes de ricos (el azúcar) empezó a ser accesible para las clases medias, hizo que enrtre los grandes males de nuestros antepasados destacasen las caries y la caída de dientes.

Por ello, no parece extraño que los dentistas de entonces fabricaran una gran cantidad de dentaduras para cubrir la demanda de aquellos que no podían dar un buen bocado a un chuletón. Fue por eso por lo que, tras la batalla de Waterloo, los habitantes de esta región belga decidieron hacer las veces de improvisados dentistas y -usando todo tipo de herramientas tales como cinceles, tenazas o martillos- arrancaron los dientes a los soldados muertos para poder venderlos posteriormente por una cuantiosa cantidad de dinero.

Así lo han recogido varios diarios internacionales como la versión digital de la cadena «BBC Mundo», donde también se explica que esta práctica reportó una considerable riqueza a aquellos valientes dispuestos a aprovechar los despojos de unos fallecidos que, hacía pocos minutos, andaban a tiros contra sus enemigos.

La odontología en el XIX

Tal y como explica el diario anglosajón, el mal estado de las dentaduras de la época provocó la proliferación de la odontología, a la que se terminaron dedicando profesionales tan variopintos como joyeros, químicos, peluqueros o herreros. Todos ellos decían tener la capacidad de sus sustituir un diente en mal estado, por uno nuevo. Sin embargo, aquellas promesas terminaban con una pieza extraída (algu muy usual), un gran dolor y, en los mejores casos, algún trozo de marfil como alternativa.

Los dientes se eliminaban a tal velocidad que empezaron a crearse cientos de dentaduras postizas durante el siglo XVIII. De hecho, en Gran Bretaña los soldados ya eran unos buenos clientes pues, debido a los golpes que sufrían en batalla, no era extraño que necesitasen una. Entre las más baratas se hallaban las que estaban fabricadas en su totalidad de marfil. Por otra parte, aquellas en las que había que pagar más eran las que estaban elaboradas con dientes humanos originales. Curiosamente, estos eran difíciles de conseguir, pues estaba prohibido asaltar a los muertos y no eran muchos los que estaban dispuestos a «donar».

Con todo, estas dentaduras bien merecían rascarse un poco el bolsillo pues, para la época, eran bastante modernas (se encajaban en la boca a través de muelles) y no había muchos sustitutos entre los que elegir. Por el contrario, estos artefactos solían caerse con asiduidad y eran sumamente incómodos a la hora de comer.

Con este panorama de falta de dientes para prótesis que tenían perpetuamente los dentistas, no resulta raro pensar que, tras acabar la batalla de Waterloo, cientos de personas se armasen de lo primero que encontraran por casa para recoger cuantos más mejor. Eso sí, de los fallecidos. De hecho, llegaron cientos de «saqueadores» de otras partes del país para aprovechar este «mercado libre». Tal fue la cantidad de piezas adquiridas, que muchos dentistas continuaron comprándolas hasta 1851 y muchas se preservan hoy en día.


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Grace Bennett es una historiadora del arte y escritora freelance con una pasión por explorar las intersecciones entre la naturaleza, el simbolismo y la expresión artística. Con un historial en arte renacentista y moderno, a Grace le gusta descubrir los significados ocultos detrás de obras icónicas y compartir sus ideas con amantes del arte de todos los niveles. Cuando no está visitando museos o investigando las últimas tendencias en arte contemporáneo, puedes encontrarla caminando por el campo, siempre persiguiendo el próximo arcoíris.

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