Madrid ha vivido la noche de junio más calurosa desde 1920. La ola de calor que azota a España entera ya había dejado la noche del martes uno de los registros de temperatura más altos de las últimas décadas. Los termómetros marcaban cerca de 30 grados más allá de las 2 de la mañana en el centro de la ciudad.
Pero la madrugada del miércoles ha batido todos los registros del Observatorio Meteorológico del Retiro y el mercurio no ha bajado en toda la noche de los 25,7 grados centígrados, superando en más de un grado el anterior récord de temperatura mínima más alta de 24,4 grados tomado el 27 de junio de 2011, según datos de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet).
Como es lógico, las temperaturas nocturnas dependen del calor que haya hecho durante el día y las horas diurnas del martes también superaron todos los registros tomados en el Parque del Retiro desde 1920. Hasta ayer, el récord de temperatura máxima durante un mes de junio fue el día 13 del año 2009, fecha en la que el mercurio llegó a los 38,4 grados centígrados. Ayer la medición fue de 38,8 grados.
Cualquier madrileño ha podido darse cuenta en sus propias carnes del calor que ha sufrido la capital la noche pasada. Pero aquellos que decidieron echarse a la calle de madrugada se encontraron con termómetros por encima de 31 grados a las 3 de la mañana. Sin embargo, desde Aemet insisten en la poca fiabilidad de los termómetros callejeros. Los registros de los observatorios son los únicos que pasan al archivo de la serie climática y que son comparables con otros datos tomados en puntos distintos.
“La mediciones de la temperatura del aire en el interior o centro de una ciudad con enormes cantidades de ladrillo, cemento y asfalto están perturbadas por la gran capacidad calorífica de esos materiales”, explica Alejendro Lomas, portavoz de Aemet. “El calor de la insolación durante el día se almacena y es emitido durante la noche, generando un auténtico microclima muy diferente de los alrededores no urbanizados de la ciudad registrándose, en condiciones de estabilidad y ausencia de viento, temperaturas muy superiores a esos alrededores. Es lo que se llama en la literatura científica la isla urbana de calor. Eso se hace muy evidente en los termómetros informales que hay cerca de las calzadas en el centro de Madrid”.



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