- En los últimos días se han detectado tres erupciones solares
- La del 9 de agosto fue la de mayor intensidad de los últimos años (X6.9)
- Pueden afectar a los sistemas de comunicación y de suministro eléctrico
- De momento, no se han registrado incidentes
La erupción del pasado martes tuvo una intensidad X6.9. Los científicos clasifican estas erupciones de menor a mayor intensidad, utilizando las letras B, C, M y X. Cada una de estas categorías va acompañada de una escala numérica (del 1 al 9). Las catalogadas como X son, por tanto, las más fuertes. Las de intensidad B o C no son capaces de producir consecuencias en la Tierra mientras que las de categoría M sí pueden afectar a los astronautas y a nuestros sistemas de comunicación. La letra A designa a las más débiles.
El sistema de clasificación es similar al de la escala de Richter usado con los terremotos. La categoría X es diez veces mayor que M, y cien veces superior a C. Según destaca la NASA, el estallido más intenso captado hasta ahora ocurrió en 2003, durante el último periodo de máxima actividad solar registrado. Fue capaz de inutilizar los instrumentos que se utilizan para medir la actividad solar. Aunque los equipos dejaron de funcionar cuando la llamarada alcanzó una intensidad de X17, los científicos creen que pudo llegar a X45.
Ciclo de actividad solar
El Sol alterna periodos de relativa tranquilidad con otros de gran actividad. Para estudiarlos, los científicos han establecido lo que denominan ciclo de actividad solar. Los máximos solares se registran con una periodicidad aproximada de 11 años, aunque ésta puede variar. Según calculan los astrónomos, será en 2012 y 2013 cuando el actual ciclo alcance su máxima intensidad.
La erupción detectada el 9 de agosto es tres veces más grande que la del pasado mes de febrero (intensidad X2.2), considerada hasta ahora la más potente del actual ciclo solar. En aquella ocasión, la llamarada no apuntaba directamente hacia la Tierra, por lo que tampoco se registraron incidentes.
Los investigadores creen que el Sol produce una cantidad de energía más o menos constante, aunque la energía que escapa hacia el resto del Sistema Solar varía. El Sol se comporta como si fuera un gigantesco imán y los científicos creen que su campo magnético es el que controlaría la energía que escapa de su superficie.
Efectos en la Tierra
Aunque no es frecuente que estas erupciones lleguen a afectar a los sistemas terrestres, sí se han producido varios episodios en el pasado. En 1989 seis millones de usuarios se quedaron durante varias horas sin suministro eléctrico en Quebec (Canadá) debido a la caída del sistema provocado por una tormenta solar.
El episodio más grave registrado ocurrió en 1859, en una época en la que los sistemas de comunicaciones eran muy básicos y prácticamente se reducían al telégrafo. Las oficinas de todo el mundo resultaron afectadas.
Asimismo, los gobiernos y organismos científicos intentan evaluar el alcance y el coste económico que podría suponer en la actualidad una gran erupción solar que afecte a la Tierra. El Instituto Nacional Oceánico y Atmosférico de EEUU (NOAA ) destaca en su web un estudio realizado en 2008 por el Consejo de Investigación Nacional de EEUU (National Research Council), que estimaba que los daños provocados por una tormenta solar como la de 1859 podrían oscilar entre uno y dos billones de dólares en todo el mundo.
Tanto la NASA como la NOAA monitorizan constantemente las erupciones de tipo X y las tormentas magnéticas asociadas a ellas. Muchos de los satélites y equipos podrían protegerse de los efectos más dañinos si estos fenómenos se detectaran con antelación, pues pueden ser apagados.
De cara al año próximo, y sobre todo a 2013, las agencias meteorológicas de Reino Unido y EEUU trabajan conjuntamente en el desarrollo de un nuevo modelo más avanzado para realizar predicciones más precisas con el objetivo de minimizar los efectos de las tormentas solares en la Tierra y en el espacio.
Además de producir interferencias en los sistemas de comunicación, los científicos creen que las erupciones solares son capaces de alterar el campo magnético y el clima terrestre. Además, pueden poner en peligro a los astronautas si no se protegen adecuadamente. A pesar del riesgo, provocan también uno de los fenómenos naturales más bellos que se pueden observar en la Tierra. Las auroras boreales que se producen durante los días de mayor actividad solar son más frecuentes y luminosas.



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