Entre los siglos III y II a. C., en el noroeste de la península de Asia Menor (la actual Turquía), surgió un reino sorprendentemente influyente para su tamaño: el Reino de Pérgamo. Aunque su existencia fue relativamente breve —aproximadamente de 241 a C. a 133 a C.— su impacto político, cultural y artístico en el mundo helenístico fue enorme, rivalizando con centros como Alejandría o Antioquía en su momento de apogeo.
Ubicado en la región de Misia, con capital en la ciudad de Pérgamo (hoy Bergama, en el noroeste de Turquía), este reino fue una de esas entidades estatales que demuestran cómo la historia no siempre depende del tamaño territorial, sino de la capacidad de liderazgo, diplomacia y patronazgo cultural de sus gobernantes.

📜 De tesorería seléucida a reino independiente
La historia de Pérgamo comienza tras la muerte de Alejandro Magno (323 a. C.) y la fragmentación de su imperio en diversos estados helenísticos. En ese periodo de disputa permanente entre diádocos (generales sucesores), Lisímaco de Tracia nombró a Filetero como administrador del tesoro guardado en la acrópolis de Pérgamo. Posteriormente, cuando los seléucidas tomaron el control de la zona, Filetero aprovechó la muerte de Seleuco I para reclamar la ciudad y su fortuna, iniciando así la dinastía atálida alrededor del 280 a. C.
Filetero gobernó desde el 283 hasta el 263 a. C., y pronto su sobrino Eumenes I heredó el poder, defendiendo el territorio de amenazas externas y consolidando la independencia frente a Seleuco I. Bajo Eumenes, el reino fortaleció su posición política y militar en Asia Menor.
⚔️ Expansión y alianzas: Atalo I y los gálatas
El verdadero salto de Pérgamo hacia la prominencia llegó con Atalo I Sóter (241–197 a. C.), quien se proclamó rey y asumió ese título con legitimidad tras derrotar repetidamente tribus gálatas que penetraban en Asia Menor. Su victoria sobre estos grupos le otorgó prestigio y autoridad, y fue el primero de los atálidas en utilizar el título regio.
Atalo I no solo detuvo las incursiones gálatas, sino que también se enfrentó y derrotó al poderoso Antíoco III el Grande, rey seléucida, extendiendo así el control de Pérgamo sobre gran parte del noroeste de Asia Menor y consolidando alianzas con Roma, que emergía como potencia mediterránea.
🏺 Cultura, ciencia y el Altar de Zeus
Bajo el reinado de Eumenes II (197–159 a. C.), Pérgamo alcanzó su apogeo cultural y artístico. Fue en esta era cuando se construyó el Altar de Zeus, una de las obras magistrales de la escultura helenística, famoso por sus espectaculares frisos que representaban la Gigantomaquia (la lucha entre los dioses olímpicos y los gigantes).
La ciudad también se destacó por su biblioteca, rival directa de la de Alejandría, con estimaciones que hablan de hasta 200 000 volúmenes, lo que la situaba como uno de los grandes centros de saber del mundo antiguo.
Además, Pérgamo fue un centro de innovación técnica: aquí se perfeccionó el uso del pergamino (charta pergamena), material de escritura que acabaría sustituyendo a otros soportes debido a su durabilidad y calidad, consolidando el nombre de la ciudad en la historia de la cultura escrita.
🏛️ Un Estado diplomático: Roma y la herencia del reino
La dinastía atálida no solo construyó templos y bibliotecas; también fue extremadamente hábil en política internacional. Los atálidas cultivaron una alianza estrecha con Roma, apoyando a la joven república en conflictos clave contra otros poderes helenísticos. Este enfoque no era casual: los aliados de Roma ganaban protección y recurso frente a enemigos tradicionales como los seléucidas.
El último rey atálida significativo fue Átalo III (138–133 a. C.), quien no dejó herederos. En una decisión que sorprendió al mundo helenístico, decidió legar su reino a la República romana en su testamento, convirtiendo a Pérgamo y sus territorios en parte de la provincia romana de Asia a partir del 129 a. C.
Este acto pacífico de transferencia fue excepcional en una época dominada por conquistas militares, y marcó el fin del pequeño reino que había competido con gigantes culturales y políticos.
🌆 Pérgamo: la ciudad y su estructura física
La ciudad de Pérgamo se alzaba sobre una acrópolis natural a unos 335 m sobre el nivel del mar, dominando el valle del río Selinus y beneficiándose de un emplazamiento defensivo estratégico en el interior de Asia Menor, cerca del mar Egeo.
Su urbanismo reflejaba la planificación cuidadosa típica de las ciudades helenísticas: templos sobre terrazas, teatros y espacios públicos integrados con el paisaje natural. Este diseño fue tan avanzado que incluso hoy se considera un ejemplo temprano de integración urbana y topografía para arquitectura monumental.
🏁 Legado histórico y arqueológico
Aunque el Reino de Pérgamo dejó de existir como entidad política en el siglo II a. C., su impacto trasciende el paso de los siglos:
- 🏺 Su altar monumental y su colecciones artísticas siguen siendo referencias del arte helenístico.
- 📚 La biblioteca y la producción de pergamino fueron puntos de inflexión en la historia de la escritura.
- 🏛️ Su herencia política marcó la transición de gran parte de Asia Menor a la administración romana.
- 🌄 El conjunto arqueológico de la acrópolis, hoy en Bergama (Turquía), es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, atestiguando la grandeza de una ciudad que quiso ser, en muchos sentidos, una nueva Atenas del mundo helenístico.
📷 Imágenes
1️⃣ Mapa del Reino de Pérgamo en torno a 188 a. C.
Distribución territorial del reino antes de su incorporación a Roma.

2️⃣ Ruinas de la Acrópolis de Pérgamo
Centro urbano, templos y espacios públicos integrados en colinas naturales.





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